La cultura otra víctima de lo ideológico

Los franceses tienen un dicho cotidiano como los buenos días que dice “La culture c’est comme la confiture, moins on en a, plus on l’étale”, que más o menos traducido significa “la cultura es como la mermelada, cuanto menos se tiene más se estira”.

Ahí eso tiene un sentido muy gráfico pues la mermelada en Francia es toda una señora tradición. Hay hasta de ajos y cebollas.

En nuestro país [El Salvador] aunque hemos mejorado algo últimamente, todavía cojeamos en sensibilidades y comportamientos que tienen que ver con la promoción de la cultura, por ambas partes: por el lado de los ciudadanos y por el lado de las instituciones.

Yo me pongo del costado de los ciudadanos y asumo con estas líneas la parte de la responsabilidad que me corresponde como individuo.

Por desgracia la crisis económica sólo empeora la situación en el frente cultural, que, ciertamente, nos incumbe y nos incluye a todos.

Se hacen esfuerzos de hormigas, cada cual por su lado, para “estirar” este patrimonio que tenemos los salvadoreños tan bonito como poco promocionado: la humilde cultura cuscatleca.

A todos nos gustaría tener un país que se deje la piel por defender el valuarte cultural.

Francia, bastante ensimismada por sus costumbres y tradiciones, es quizás la referencia a seguir como país que practica una política cultural “verdaderamente” institucional.

Más aún en estos tiempos revueltos de la globalización que, como dicen algunos entendidos en la materia, amaga con crear un mundo culturalmente más homogéneo sometido a los valores culturales de las zonas del mundo que dominan las artes.

Sobre todo las audiovisuales, que cada vez toman más fuerza. Hollywood por ejemplo ha llevado los valores culturales de Estados Unidos a todos los rincones del planeta.

Los galos, que siempre fueron muy hábiles y sofisticados en esto, se toman la cultura muy en serio, está entre las 4 prioridades nacionales desde tiempos del Rey Sol, da igual que gobiernen los socialistas o un desbocado súper Zarkozy.

Las instituciones francesas, incluso, se permiten la libertad de imponer al coloso EE.UU. una cuota para que sus libros y películas no superen el 40% del consumo cultural nacional francés, una medida directa en contra de las reglas del libre mercado.

Y no estamos hablando de un sector cualquiera, la cultura en ese país mueve cerca del 20% de su PIB; y como dice mi colega François de L’Aveyron —una zona muy tradicional de Francia— “mais oui, la culture c’est la culture, mon ami” con un acento que huele a profunda campiña francesa.

El Ministerio de la Cultura francés es una potente maquinaria bien aceitada, que se encarga de dar la mejor imagen del país.

A través de sus museos, sus monumentos, sus bellas artes (música, cine, teatro, danza, literatura, arquitectura, televisión, y todo lo que ese país considere tradiciones culturales francesas que incluye literalmente, aunque paresca inverosímil, sus vacas y sus cerdos), se los juro.

Con un espectacular presupuesto de más de 6 mil millones de dólares, es decir, es uno de los ministerios con más recursos económicos del presupuesto central del Estado para apalancar lo que ellos llaman la “Mission Culture”.

En El Salvador la palanca presupuestaria del Estado a CONCULTURA  no llega siquiera a los $15 millones.

Es decir la cultura en nuestro país tiene poco o ningún peso en los presupuestos generales del Estado.

En 2005 la cifra que el Estado invirtió en esa institución para el avance y la promoción de la cultura cuscatleca fue de 12.7 millones, de los cuales $7.2 millones se fueron en el pago de salarios, presumiblemente de funcionarios.

La parte más fuerte del sobrante fue para pagar los espacios, equipos y mantenimiento de las oficinas centrales de la institución.

Otra parte más pequeña se utilizó para obras de recuperación y mantenimiento del patrimonio arquitectónico y espacios culturales.

El resto del presupuesto se distribuyó entre fundaciones y asociaciones culturales, cuyos m

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