Pedaleando por los inmigrantes

Partió desde la ciudad de San Miguel, en su nativo El Salvador, montado en su bicicleta, pedaleando sin desmayar con rumbo al norte para llevar un mensaje de esperanza ante las redadas que han dividido a tantas familias en Estados Unidos.

“El recorrido lo comencé el 31 de mayo, lo concluyo en octubre. Estaré pedaleando por cinco meses”, cuenta Mario Castellón Leiva, de 39 años, que se encuentra ahora en Washington tras pasar por Guatemala, México y atravesar varios estados para terminar en Dallas, Texas, donde reside actualmente.

Castellón, que trabajaba en la instalación de gabinetes, participó esta semana en el Día del Salvadoreño que se realizó en Washington con el patrocinio del Consulado de su país y este domingo tiene previsto atender un evento en una iglesia de Virginia.

“Tuve que dejar el trabajo”, recuerda el ciclista salvadoreño, al indicar que no podía ver a tantos niños que eran separados de sus padres debido a las deportaciones. Así que con una bandera salvadoreña, una tienda de campaña y unos pocos ahorros tomó la decisión de hacer su recorrido.

“Mi mensaje es que los que son ciudadanos voten para defender derechos inmigrantes y que se paren redadas de inmigración”, afirma Castellón, cuya esposa y madre viven en El Salvador.

Muchas imágenes han quedado impregnadas en la memoria del trovador salvadoreño. Conductores que tocaban la bocina en señal de apoyo, niños que le agradecían por la esperanza de que sus padres no sean deportados y la dura realidad de los inmigrantes en el desierto o en los trenes de carga.

Asimismo, recuerda los cultivos de sandía, los policías amables que lo escoltaban en las carreteras, unas pocas caídas que sufrió y la lluvia incesante que lo persiguió hasta Tampico, en México. Afortunadamente no se ha enfermado ni ha sufrido robos.

Eso sí, enfrentó un incidente con dos policías guatemaltecos que le pidieron dinero cuando se enteraron que iba hacia al norte, pero al ver los recortes de periódicos sobre su travesía, lo dejaron ir un poco avergonzados.

La lluvia le destruyó un cartel que llevaba consigo en apoyo de los inmigrantes, relata Castellón. Para ahorrar, el ciclista duerme en parques o en gasolineras abandonadas, se ducha en casas de personas que le ofrecen alojamiento o en hoteles que alquila dos veces por semana.

“Cuando empieza el día no sé lo que voy a comer, a quién voy a conocer ni dónde voy a dormir”, confiesa.

¿Y por qué viajó en bicicleta, cuando podía hacerlo por carro, autobús o por avión? “Porque inmigré en bicicleta en 1997, era ciclista en mi país, es mi talento. He viajado cuatro veces, una como inmigrante y tres veces legales’, contesta Castellón, que recordó su primer ingreso al país como indocumentado

Reconoce que hay momentos de desgaste físico, cuando se siente rendido, cansado, pedaleando en la soledad, pero piensa en el sufrimiento de muchos inmigrantes. “No me voy a rendir mientras no lleve el mensaje a todo el país”, enfatiza.

– Metro Latino USA

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