Lista para su estreno la puesta en escena “Los emigrados”.

México, 9 Ago (Notimex).- La posición de dos clases sociales y
visiones del mundo radicalmente irreconciliables, a través de un par
de inmigrantes, es lo que aborda la obra teatral “Los emigrados”, del
escritor polaco Slawomir Mrozek, bajo la dirección de David Psalmon,
que se estrenará hoy.

La obra, que se escenificará en la Sala Xavier Villaurrutia, del
Centro Cultural del Bosque, hasta el 28 de septiembre próximo, se
presentó anoche como ensayo general para el público, en el que los
actores Joaquín Cosío y Silverio Palacios cautivaron por su estupenda
interpretación.

Desarrollada en un sótano, con sólo dos catres, una mesa, dos
sillas y un lavabo, la pieza narra el encuentro de dos personajes, de
los que nunca se saben los nombres ni país en el que están, en la
noche de Año Nuevo.

Uno es un intelectual, quien siempre defiende sus ideales, y el
otro un obrero que trabaja sin cesar para ahorrar todo el dinero que
pueda. Los dos entran en la nostalgia por las costumbres y
tradiciones de su país, al que añoran regresar.

La trama inicia cuando el obrero cuenta al otro la aventura que
vivió ese día al salir de trabajar, cuando decidió caminar a la
estación del tren, lo que no representaba para él sólo eso, sino un
medio de transporte muy moderno.

Relata su maravilla ante tal prodigio de tecnología y que
después se encontró con una mujer tan bella que lo hipnotizó y con
quien entabló una pequeña conversación que terminó en el baño.

Lo último generó una reacción violenta del intelectual, quien a
gritos le espetó que esa relación nunca ocurrió, que se trata de un
invento, porque quién se iba a fijar en un monstruo o animal.

Entonces inició la confrontación entre ambos, en el que cada uno
defendió su posición y se hace mención de que están en un país ajeno,
en el que el obrero, sin quitar el dedo del renglón, dice que extraña
a su familia, a su esposa e hijos.

Por el contrario, el intelectual carece de familia en su país
natal, por lo que no tiene por qué regresar, mientras que para el
trabajador si hay una meta, la de ver a su esposa.

El enfrentamiento continúa con intercambio de diálogos,
tratamiento de diversos temas o expresiones de lo que sentían
mutuamente, pero sabiendo el objetivo que cada uno tenía en ese país
extraño, que es cumplir sus respectivas metas.

La discusión sube de tono y llega a su máxima expresión cuando,
en el marco de esa noche de Año Nuevo, el obrero, preso de la
nostalgia por su familia, decide quitarse la vida, lo que el otro
impide a través de las palabras.

Entonces, ambos saben que nunca volverán a su país de origen,
uno por su situación económica y el otro por sus ideales.

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