Dictan cursos para aprender a envejecer

WASHINGTON (AFP) – Algodón en los oídos para escuchar mal, esparadrapos alrededor de las falanges para imitar la artritis: en Estados Unidos talleres enseñan al personal de salud y cuidadores de ancianos, pero también a la generación del ‘baby-boom’, en qué consiste envejecer.

“El concepto de estos talleres es enseñar la sensibilidad, los problemas vinculados al envejecimiento para poder establecer una mejor relación” con las personas ancianas, explicó Steve Lemoine, director de la casa de retiro Westminster Thurber en Ohio (norte), que hace que su personal asista regularmente a estos talleres de formación.

“Se trata de hacer comprender lo que implica envejecer tanto a nivel social como físico, emocional, cognitivo y espiritual”, añadió Peg Gordon, asistente de formación en el instituto intergeneracional Macklin de Finlay (Ohio), uno de los pioneros en este método de formación bautizado “Xtreme Aging”.

En sesiones de tres a ocho horas en grupos de 20 a 25 personas, según sus formaciones, los participantes experimentan dificultades de la vejez como el deterioro físico, el hecho de tener que separarse de objetos personales, perder amigos y tener que adaptarse a una casa de retiro.

Estas formaciones son seguidas por personal de salud pero también por grupos escolares, miembros de familias con personas ancianas y “típicamente muchos baby-boomers” (nacidos entre 1946 y 1964), indicó la representante del Macklin Intergenerational Institute.

El método es muy interactivo y bastante radical. “Desde el punto de vista físico, los discapacitamos”, resumió Peg Gordon. Anteojos o anteojos de piscina untados con grasa simulan una catarata o una visión disminuida.

Se usan guantes para perder el sentido del tacto, se introduce un algodón húmedo en la nariz para anular el olfato y por lo tanto el sentido del gusto, sin olvidar tapar los oídos y vendar las falanges para sufrir artritis.

Algunos talleres añaden trozos de guisantes o pop-corn en los zapatos para simular la molestia de los callos en los pies.

“Luego les pedimos que realicen tareas cotidianas. ¿Pueden seleccionar, contar y tomar sus píldoras? ¿Pueden marcar un número telefónico en un teléfono celular? ¿Pueden ver un plano? Todas estas son actividades extremadamente frustrantes”, explicó la formadora de Xtreme Aging, un método creado por la doctora Vicki Rosebrook.

La comida es una experiencia memorable. Se distribuye a los participantes pasteles secos y tres muestras de mermeladas y se les pide que los unten: “con la artritis y sin el sentido del tacto, las galletas se rompen y sin el olfato y sentido del gusto no sabes distinguir el aroma de la mermelada”, resume Gordon.

Pero lo peor es la parte “emocional” del ejercicio. “Para mí, es la parte más dura”, afirma Peg Gordon.

Se pide a los participantes que anoten en pequeños papeles las cinco personas más queridas, las tres posesiones más apreciadas y los tres privilegios preferidos, como conducir su automóvil, viajar o votar.

A medida que la sesión y la edad ficticia avanzan, los participantes deben perder un esposo, una hermana, abandonar sus objetos preciosos y quedarse solo con dos. “En general, en Estados Unidos cuando se ingresa a una casa de retiro se autoriza a llevar dos posesiones, como un álbum de fotos y tal vez una pequeña televisión”, recuerda Peg Gordon.

“Es un shock para los participantes enfrentar esta realidad”, concluyó.

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