El “chapareke” se resiste a desaparecer en la Sierra Tarahumara.

* Guadalupe Estrada, uno de sus tres exponentes, dio un concierto a pueblos indígenas.

Oaxaca, Oax., 11 Ago (Notimex).- “El chapahuela -o chapareke-
sirve para platicar con Dios, pedir alivio de enfermedades y estar
contento”, aseguró don Guadalupe Estrada Cancio, uno de los tres
únicos músicos tradicionales rarámuris que toca este instrumento
prehispánico.

Don Lupe, oriundo de Saquirachi, municipio de Urique de la
Sierra Tarahumara, Chihuahua, fue uno de los artistas indígenas que
participaron en días pasados en el Foro Comunitario Pueblos Indígenas
y Patrimonio Cultural, organizado en Oaxaca con ocasión del Día
Internacional de las Poblaciones Indígenas.

La interpretación de tres de las 12 piezas sagradas que integran
su repertorio de “chapahuela” o “chapareke”, generó expectación y
extrañeza a los concurrentes de la plaza central de la capital
oaxaqueña.

El sonido del “chapareke” no se parece al de ningún otro
instrumento musical antiguo, tradicional o moderno. Su voz no imita
cantos animales naturales ni meteorológicos; es oblicuo, alto y
explora los semitonos.

Ello se debe a que es un instrumento de arco construido con palo
de quiote de poco más de medio metro de largo con tres cuerdas de
metal y orejeras -único elemento europeo- que utiliza la boca de su
ejecutante como caja de resonancia.

Visto de lejos, el músico pareciera estar tocando una flauta
transversal, pero de cerca se advierte que éste sólo abre la boca
para que el sonido de las cuerdas modulen en su interior con leves
movimientos de lengua.

El rasgueo de las cuerdas se hace a unos centímetros de la boca
del músico y el pisado de aquéllas con la mano izquierda se hace más
distante, junto a las orejeras, como en el caso de otros instrumentos
de cuerda.

Don Lupe Estrada interpretó los cantos “Dios nos ilumine”, “El
burrito de Galilea” y “No hay que tener tristeza”, dedicados todos al
Señor Jesucristo, dijo, igual que las otras nueve piezas rituales que
se sabe.

“El chapahuela -aclaró- sólo se usa para rendir a Dios, porque
él fue quien nos lo dio para su beneficio y el nuestro”.

La historia del “chapareke” (castellanización de chapahuela) es
mítica. Según una versión recogida en la Sierra Tarahumara hace
muchos años, cuando el hombre aún vivía en las cuevas, sólo tenía
como distracción el canto de los pájaros.

El rarámuri pensó en hacer un instrumento que le permitiera
producir sonidos iguales, pero no sabía cómo hacerlo. Hasta que un
día llegó Dios a su cueva y le indicó que cortara el corazón
florecido del maguey de tesgüino cuando ya estuviera seco.

También lo instruyó para que matara un venado y con sus tripas
más delgadas hiciera las cuerdas, todo ello con previa solicitud de
permiso de sacrificio, tanto al tesgüino como al venado, a efecto de
que éstos no resintieran su falta.

Una vez que el hombre rarámuri, “que entonces andaba vestido
sólo con cueros de venado y no estaba bautizado”, terminó de
construir su “chapahuela”, Dios le dio las siguientes instrucciones:

“Ve a la montaña más alta y lleva contigo a tus vecinos de más
cerca para que escuchen y te vean tocar el instrumento y lo vas a
tocar tres veces, y de ahí vas a bajar a bendecir a la gente que se
juntó”.

“Y desde entonces el rarámuri toca el “chapahuela” para platicar
con Dios y pedirle apoyo cuando alguien está enfermo”, dijo don Lupe,
quien aprendió a tocar y a construir este instrumento de la mano de
su abuelo Librado Cancio.

A la fecha, en la Tarahumara alta y baja (montaña y desierto),
sólo tocan el “chapareke” don Lupe, don Pablo Ortega y don Camilo
Blanco, quienes hacen esfuerzos por mantener vivo su instrumento cada
uno por su lado.

En el último lustro, de acuerdo con Gustavo Palacio Flores, el
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Programa
de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) en
Chihuahua, ha grabado tres discos compactos con las interpretaciones
de estos ar

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