Atravesando el océano en busca de belleza y juventud

Por Adriana López

MEDELLIN, Colombia. (ConCiencia) – Elena ya estaba en el aeropuerto de Madrid. Su nueva vida la esperaba a doce horas de vuelo, en Medellín. No se trataba del encuentro con un amor conocido vía Internet, ni la expectativa de un trabajo o un exótico plan de estudios.

Elena, quién no quiso dar su apellido, cambiaría por fin todo aquello que en su cuerpo la avergonzaba. Después de dos embarazos y 45 años de vida, había cambiado tanto que la personalidad extrovertida y segura que la había caracterizado por años se había perdido.

El médico para su cirugía estética fue escogido con esmero. La recomendación de amigas de sus amigas, también europeas y operadas en esta ciudad de Colombia y con quienes ella misma pudo comprobar los resultados, la llenó de tranquilidad. Además, los costos eran sustancialmente menores a los de los médicos españoles; tanto que justificaba hacer el viaje y pagar todos los extras que implicaba.

Como Elena, son miles de mujeres las que cada año viajan a otros países en busca de la belleza y Medellín se ha convertido en un lugar donde cada vez más extrajeras llegan para encontrarla.

“Estoy sola hace muchos años y si alguien se me acercaba me daba hasta vergüenza, especialmente de mis pechos”, dijo Elena. “Ya era un asunto urgente”.

Elena quería agrandar el tamaño de sus senos y glúteos; además quería verse más joven. Eso sí: sin deformar su rostro como algunas figuras del cine que en ocasiones la horrorizaban.

Carlos Alberto Ramírez, médico cirujano, especialista en estética, la esperaba en Medellín. Según Ramírez, el acercamiento humano, sensible y muy responsable a los pacientes es lo que ha hecho de su trabajo un proceso exitoso.

En un mes un cirujano estético exitoso en Medellín hace entre 80 y 100 cirugías y atiende a 600 personas. Según Ramírez, el 10 por ciento de quienes se consultan son devueltos porque el médico no considera adecuada o ética la intervención, negándose a hacerla.

Para Luz María Agudelo, secretaria de salud de Medellín, la ciudad es escogida por nacionales y extranjeros por su bien ganada reputación médica, respaldada además por excelentes equipos de investigación de sus universidades y que han contado con el reconocimiento de sus colegas a nivel internacional.

Seguridad ante una peligrosa intervención

Una intervención quirúrgica, cualquiera que sea, representa un riesgo para el paciente. Especialmente en el caso de las cirugías estéticas que en ocasiones implican someterse a varias intervenciones a la vez.

“Hay que tener en cuenta que en estos casos el paciente no enfrenta un dolor o enfermedad que desea combatir”, dijo Ramírez. “Aunque esto le signifique incluso la pérdida de una extremidad o una función de su cuerpo”.

El paciente que se somete a una cirugía estética está sano y saldrá del quirófano con múltiples dolores y con una imagen inicial terrible, dijo el médico. “Un proceso contra la corriente”.

El paciente debe tener claro que la cirugía no es la clave mágica para recuperar una relación sentimental rota, conseguir un empleo maravilloso o convertirse en estrella de la televisión. Todo este proceso requiere de fortaleza espiritual y claridad frente a los resultados.

Antes de la cirugía, el paciente es sometido a exámenes prequirúrgicos, un período corto de adaptación a la ciudad que consta de dos o tres días, y debe tener tiempo disponible para permitir el tranquilo proceso de recuperación. Este puede ser de cinco días a tres semanas, dependiendo de la intervención.

Al paciente se le obliga a adquirir un seguro que garantice el cubrimiento total de cualquier complicación que se presente, lo cual quiere decir que ante la eventualidad podrá contar con todos los recursos médicos y hospitalarios que sean necesarios. Este seguro cuesta aproximadamente 60 dólares.

A medida que aumenta el número de cirugías estéticas en Medellín también crece el número de denuncias por procedimientos no exitosos, frustrantes o -e

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