Ciclista salvadoreño acelera cruzada a Pensilvania y Nueva York por reforma migratoria

José López Zamorano

Con más de 8 mil kilómetros recorridos desde su natal El Salvador, José Mario Castellón Leiva aceleró su cruzada para darle la vuelta a Centroamérica, México y Estados Unidos en pro de una reforma migratoria.

Castellón, de 39 años, nacido en Usulután, pero criado en San Miguel, busca completar unos 25 mil kilómetros antes de octubre llevando consigo la bandera de una reforma de las leyes de migración que impida la división de familias y el desamparo de niños.

“Esto ha valido la pena. Nunca me voy a arrepentir, si me piden que lo haga otra vez, lo hago”, dice en entrevista de Notimex durante una breve pausa en Washington, antes de proseguir su periplo continental hacia Pensilvania y Nueva York entre otros 32 estados.

Agotado a raíz de un viaje donde las penurias económicas lo han obligado a comer sólo rebanadas de pan blanco con mayonesa y dormir a la intemperie, José Mario no puede ocultar el cansancio físico, ni las quemaduras de sol y pérdida de peso.

“Si hay cansancio pero eso no impide que diga que no lo voy a lograr. La fe es lo último que va a morir. Si todos hiciéramos algo, tendríamos una gran fuerza. , Esto es una primera semilla, más de uno va a tomar en cuenta este esfuerzo”, señala.

José Mario salió de El Salvador en mayo pasado, recorrió Centroamérica, México y entró a Estados Unidos por Texas. Pero no es la primera vez que realiza el trayecto. En 1997 había abandonado su país en bicicleta con el sueño de volverse ciclista en Estados Unidos.

Entonces cruzó el Río Bravo a pie. Sobre una bolsa de basura inflada colocó su bicicleta. Una vez en Estados Unidos se puso su traje de ciclista y llegó con ayuda de paisanos– no leía ni escribía español ni inglés— a la casa de su hermana en Dallas, Texas.

Poco tiempo después contrajo nupcias pero fue invalidado porque su esposa tenía un matrimonio previo sin divorcio. Un oficial de migración creyó en la versión de José Mario y le permitió seguir el trámite de legalización. Es residente, gracias a su bicicleta, desde el 2001.

Para iniciar su cruzada a favor de la reforma migratoria, José Mario tuvo que dejar su empleo como carpintero en una empresa de Dallas. Usó todos sus ahorros de 4 mil dólares, que están a punto de terminarse.

Cuando se le pregunta su ha valido la pena, José Mario trae a su memoria el día que entró al consulado de México en Raleigh, Carolina del Norte. Lo esperaban unos niños en la puerta. El mayor de ellos le dio las gracias por buscar una reforma migratoria.

“Oiga señor –le dijo el niño– le agradezco lo que está haciendo, porque hay una esperanza de que pueda unirme con mis padres”.

Durante su estancia en Washington, José Mario recibió un reconocimiento de la ciudad de Arlington, en Virginia y participó en una misa celebrada por el sacerdote colombiano Eugenio Hoyos, donde además se recaudaron fondos para proseguir su viaje.

Sus próximas escalas son Pensilvania, Nueva York, Nueva Jersey, Chicago, Tennessee Oklahoma, Colorado, Nevada, San Francisco, Los Angeles y San diego, Arizona, Nuevo México y San Antonio.

José Mario espera completar el viaje en Texas en octubre. De allí partirá en autobús a El Salvador para reunirse con su madre, su segunda esposa y su hijo Francisco de 8 años.

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