El crack arrasa a los jóvenes nicaragüenses

Por Sonia González.

Managua.- La muerte le pasó muy de cerca: una bala se le alojó entre las costillas próximas al corazón en un pleito entre pandillas en un barrio marginal de esta capital y ni el ver la cicatriz motivó a Jader a salir del mundo de las drogas.

Estaba bajo los efectos de sustancias ilícitas cuando sintió un fuerte impacto en el pecho. No hubo tiempo para pensar y cayó al suelo doblado por el dolor, pero la suerte estaba de su lado ese día y la bala no le tocó ningún órgano vital.

El peligro forma parte de su vida y en esa ocasión Jader cobró conciencia de su situación, por lo que se alejó de ese mundo, pero la adicción lo venció y poco después volvió a las calles.

A sus cortos 23 años, Jader ha experimentado con alcohol, marihuana y crack (clorhidrato de cocaína), además de combinaciones que en muchas oportunidades lo han dejado casi en estado de inconciencia, relató a Notimex.

Se inició en el consumo de licor a los 12 años de edad y una cosa lo llevó a la otra, comentó el muchacho al reconocer que es adicto al crack, la droga más barata que se expende en los barrios de la capital, donde una dosis cuesta entre 10 y 20 córdobas (50 centavos y un dólar).

No se puede explicar la sensación final de la poderosa y peligrosa sustancia, pero “el cerebro se siente rico, relajado”, afirmó por su parte Elton Valverde, otro adicto que accedió a hablar sobre su situación.

La resaca no es cosa fácil, enfatizó al mencionar que al salir del efecto de la droga el cuerpo experimenta una fuerte sensación de deshidratación y con ello llega un fuerte dolor de cabeza y una evidente falta de energía.

“La piedra” es altamente adictiva y sus efectos son breves, pero “el impacto es muy fuerte” y quien la ha fumado o aspirado le resulta difícil dejarla, afirmo a Notimex el psicólogo del programa terapéutico de la organización Diaonova, Alberto León.

Señaló que, para muchos, las drogas de inicio son el alcohol y el tabaco, para luego pasar al crack, reveló una encuesta de esta organización no gubernamental, que cuenta con programas de recuperación y centros de atención a jóvenes adictos.

Aseveró que en Nicaragua se ha detectado una peligrosa combinación de marihuana y crack, algo conocido de forma popular como “bañado” (o bazuko, en otras partes), que es muy usual entre personas de diversos estratos sociales.

“La droga no hace diferencia entre estratos sociales, todos caen en sus garras. Comienzan con alcohol fino y terminan consumiendo crack”, coincidió por su parte el subcomisionado de Asuntos Juveniles de la Policía, Martín Aguirre.

“En las redadas encontramos que, en las esquinas de los barrios, hay jóvenes pobres y de familias adineradas que han sido abandonados por sus padres, pidiendo limosna o asaltando a quienes se atreven a transitar por esos lugares, para comprar drogas”, expresó.

Reiteró que este flagelo no respeta condición social o profesional, por lo que aseveró, en su carrera, le ha tocado ver a familiares de políticos, magistrados, diputados y de la élite económica consumiendo drogas en las calles.

Datos de una encuesta aplicada entre 420 personas farmacodependientes en 2004, señalaron que 47.6 por ciento de adolescentes con edades entre 12 y 17 años ha consumido licor en algún momento de su vida y el 43.3 por ciento probó tabaco.

El alcohol y el tabaco representan más de 70 por ciento de las prevalencias de droga de inicio, reveló.

El estudio mostró que la marihuana es la sustancia de transición a drogas más fuertes en el 28.3 por ciento de los casos, seguidos por la cocaína (26.7) y el crack (21.4).

“El crack está devastando a todos los sectores de la sociedad por su impacto fuerte y breve, lo cual induce a continuar consumiendo grandes cantidades”, destacó el estudio al encontrar que un adicto puede fumar hasta 20 “piedras” en una noche.

En el 2002, se reportó por primera vez el consumo de éxtasis en el país. Nicaragua carece de datos sob

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