Como antaño la URSS, el Estado ruso encarga películas “patrióticas”

MOSCÚ (AFP) – El gobierno ruso ha decidido financiar a partir de enero una decena de películas de corte “patriótico”, como hacía en su tiempo la Unión Soviética, cuando el cine era el principal instrumento ideológico del régimen comunista.

El nuevo ministro de Cultura, Alexandre Avdeev, anunció a principios de julio que “a partir de 2009, el Estado pasará encargos con una financiación consecuente”, con el fin de promover largometrajes con contenidos más “humanos” y “patrióticos” que ahora.

“Directores eminentes” secundados por los “mejores equipos” tendrán derecho a hacerlo con presupuestos cubiertos enteramente con fondos públicos, prometió el ministro.

“¿Y quién decidirá lo que es patriótico?”, se interroga Serguei Melkumov, productor de la película “Los nuestros”, que narra episodios antes censurados de la Segunda Guerra Mundial.

“Un órgano especial compuesto por representantes de la administración presidencial y del gobierno definirá los temas y velará por que la ideología del proyecto no cambie por el camino”, explica a la AFP Igor Kallistov, subdirector de la Agencia Federal de Cinematografía.

El Estado ruso subvencionó en 2007 un centenar de largometrajes, de los 116 nacionales que llegaron a las pantallas, pero la mayoría recibió entre medio y un millón de dólares.

El sistema se ha ganado aplausos de los jóvenes creadores y críticas de los grandes estudios.

“El Estado debe restringir el número de los beneficiarios en provecho de los estudios capaces de producir películas de éxito”, estima Leonid Verechtchiaguin, director del estudio Tri T de Nikita Mijalkov.

“El gobierno hace bien en volver al sistema de encargos aplicado en la URSS, que dio muchas obras maestras”, considera Verechtchiaguin, asimismo representante ruso en la influyente Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films (FIAPF).

En la época soviética, el Estado era el único que encargaba películas a los estudios y las producía.

Con este sistema se rodaron por ejemplo “Guerra y Paz” y “Moscú no cree en las lágrimas” (sendos Oscar de la película de habla no inglesa, en 1968 y 1979 respectivamente) o “Cuando pasan las cigüeñas” (Palma de Oro del Festival de Cannes en 1958).

Después del caos económico e ideológico de los años noventa, que se tradujo en la desaparición de este tipo de producción y del sistema de distribución de películas por el Estado, Rusia, con sus 1.500 cines renovados, vive hoy un renacimiento de su cine nacional.

Los ingresos de las películas rusas representan hoy en día un tercio de la taquilla de los títulos extranjeros, pero el nivel artístico de la mayoría de ellas es muy bajo y tienen con frecuencia un contenido “subversivo”, cuando no “antiestatal”, deplora Kallistov, y cita el ejemplo de “Svolotchi”.

Este largo, que se pudo llevar a cabo en 2006 gracias a una ayuda gubernamental de 700.000 dólares, aborda la historia de grupos de kamikazes compuestos por jóvenes huérfanos que el Ejército soviético mandó contra los nazis. El FSB, servicio de seguridad interior, reaccionó con virulencia ante lo que consideró una “falsificación”.

“Nuestros expertos que habían aprobado el guión se habían equivocado”, resume el funcionario.

Confrontado a un “vacío ideológico”, el Estado decide entonces encargar una película “patriótica”, toda una novedad desde el final de la Unión Soviética.

Estrenada en octubre de 2007, “1612. Crónicas del periodo de disturbios”, del estudio de Nikita Mijalkov, afín al Kremlin, narra la unificación de la nación que se levantó contra los invasores polacos.

“En la Unión Soviética, el Estado nos imponía un tema y su interpretación. Ahora, hubiéramos podido rechazar el proyecto si no nos gustaba”, señala Verechtchiaguin.

“El tema y su interpretación se correspondían por entero con nuestras propias ideas”, recalca.

You must be logged in to post a comment Login