Sandinistas repudiados por la izquierda paraguaya

Rosario Murillo, esposa del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, criticó duramente a la ministra paraguaya de la mujer, Gloria Rubín, quien previamente condenó a Daniel Ortega como un depravado sexual.

Lo hizo haciéndose eco de unas denuncias del año 1998 y prejuzgando sobre el fondo de las mismas, que por involucrar a un líder político gravitante en Nicaragua, nunca serán del todo concluyentes, y mucho menos juzgadas a miles de kilómetros de Centroamérica.

Daniel Ortega, actual presidente de Nicaragua y máximo líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y su esposa, siempre negaron la veracidad de tales acusaciones, y la Asamblea Nacional de Nicaragua rechazó en una oportunidad el pedido de desafuero, en tiempos en que el partido de Ortega era minoría y se encontraba en la oposición.

Murillo reaccionó por lo que calificó “una campaña mediática de injurias y calumnias”, en referencia a un manifiesto firmado este jueves en Asunción por varias asociaciones de mujeres y presuntos grupos de defensa de los derechos humanos, en el que se repudiaba la presencia de Ortega en Paraguay.

De esta forma personajes vinculados a la embajada norteamericana en Asunción, frustraron la presencia en el “nuevo” Paraguay de uno de los más representativos e históricos referentes de la izquierda latinoamericana, a pesar de que la llegada al gobierno del clérigo Fernando Lugo ha sido saludada por la prensa mediática internacional como un supuesto “triunfo de la izquierda”.

El comunicado, para el cual Gloria Rubín declaró no haber consultado con el clérigo presidente Fernando Lugo, repudiaba “la presencia en calidad de invitado oficial” en Asunción “del violador Daniel Ortega Saavedra, que por 20 años esclavizó sexualmente a la hija de su esposa”.

Aunque se informó de que Gloria Rubín es futura ministra de la Mujer en Paraguay, “no la vimos el viernes siendo juramentada, porque es una secretaria de cuarta categoría y sobrina de un ministro de Stroessner y su esposo dueño de varias radios”, dijo Murillo.

La polémica se desarrollaba mientras el senador Gustavo Alfredo Stroessner, nieto del dictador que por 34 años gobernó con mano de hierro el Paraguay.

Participaba en primera fila, como invitado de honor y árbitro del poder en Paraguay, a la toma de posesión del clérigo Fernando Lugo como presidente del Paraguay, cuyo triunfo hizo posible dispersando los votos colorados.

La influyente ministra, que en la práctica prohibió a Daniel Ortega la entrada al Paraguay con el escándalo mediático que desató, se encuentra vinculada a la intacta red de medios de comunicación que Stroessner fundó por medio de sus amigos de confianza.

Esos amigos son Aldo Zuccolillo, fundador de ABC, Alejandro Cáceres, director de Radio Nacional y uno de los mayores panegiristas del dictador, o el periodista Humberto Rubín en Radio Ñandutí, emisora financiada por el coronel Pablo Rojas, administrador de parte de los bienes desviados por Stroessner.

Esta red terminó cooptada por la embajada norteamericana de Asunción y en los últimos meses de la dictadura se pasó a la vereda de enfrente.

Así, estos medios bien remunerados por la CIA para desestabilizar al anacrónico dictador, superaron luego los límites de lo que toleraba el estronismo y sufrieron interferencias, suspensiones y cierres –caso de ABC en 1984– que no impidieron su reflote mediante financiación externa, sobre todo de fuentes norteamericanas.

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