Gerardo Tobón fue extraditado, está libre y podría ser repatriado a Colombia

El pasado 14 de agosto ingresé a la Corte del Distrito de Columbia para cubrir la audiencia de nueve extraditados colombianos. Cuando subí al elevador me acompañaron dos jóvenes a quienes les noté que no querían hablar. Cuando salí del elevador y caminé hacia el salón donde serian escuchados los argumentos de los extraditados, observé que ellos también se dirigían hacia el mismo lugar.

Yo ocupé la primera banca, me interesaba escuchar todo lo que se decía, mi cadena televisaba RCN de Colombia estaba siguiendo muy de cerca lo que sucedía. Pasaron solo unos minutos para darme cuenta que uno de ellos era hijo de alguno de los extraditados y no desperdicié la oportunidad, les pregunté y me respondieron con una pregunta, ¿y usted quien es? Les dije que era periodista y que me interesaba hablar con ellos en cámara, aunque no aceptaron la entrevista me dijeron que me señalarían quién era su padre.

La ceremonia de ingreso de los acusados para mí fue impresionante. El padre de uno de estos jóvenes fue el primero en ingresar al salón con cadenas en los pies seguido de otros ocho colombianos. Con las manos atrás y mientras caminaba frente de los fiscales y los abogados defensores, este hombre de aproximadamente cincuenta años no le quitó la mirada a su hijo. En algún momento le envío una sonrisa llena de amor de padre a hijo, como queriendo borrar ese pasado que hoy lo enfrentaba ante las autoridades de los Estados Unidos, pero aun peor tratando de decirle que él era inocente.

Las miradas silenciosas no cesaron durante toda la audiencia y de pronto observé cómo uno de los guardias se le acercó abruptamente al joven para decirle que no podía mover su boca cuando él le mirara. La verdad que me preocupé porque aquel joven se enfrentó al guardia repitiendo la misma pregunta cuatro veces, ¿no puedo reír con mi padre? La respuesta también fue repetida por el guardia, “no puede o lo retiro de la sala”.

Pero este era solo el comienzo. La sorpresa más grande me la llevé cuando el fiscal fue prácticamente humillado por el juez Royce Lambert quien no podía creer que después de uno, dos o tres años, nueve colombianos estuvieran en la cárcel en los Estados Unidos por cargos de narcotráfico, conspiración e intento y que no existieran pruebas contra ellos.

Me llamó la atención como cada uno de los abogados defensores se levantaban de sus sillas para decirle al juez que no era aceptable que los abogados todavía no tuvieran acceso a las pruebas para formalizar una defensa exitosa, pero además de que la única respuesta del fiscal fuera que el gobierno colombiano hasta el momento no les había cumplido.

Finalizada la audiencia se me acercó un hombre quien me preguntó si era periodista, al responderle afirmativamente me dijo que había sido extraditado el pasado mes de enero de 2008 y que estaba libre gracias a sus hijos y su familia. Me dijo que estaba monitoreado electrónicamente pero que quería hablar en cámara sobre su caso.

Yo le dije que si me cumplía lo esperaría en la Avenida Constitution frente a la corte y efectivamente me cumplió. Gerardo Tobón Rojas salió de la corte con gafas oscuras y un maletín lleno de documentos que el mismo había conseguido para apoyar a su abogado defensor Howar Katzoff. Cuando se acercó me entregó unos documentos que demostraban cómo al haber recibido su libertad bajo fianza tres días después de su extradición, estuvo muy cerca de ser deportado a Colombia por las autoridades de inmigración, en un caso que hubiera sido la vergüenza de las autoridades si esta orden se hubiera cumplido.

La frase que más recuerdo es la del juez Lambert quien le expresó al fiscal: “estoy hablando en serio, dígale a las autoridades colombianas que si no envían las pruebas en tres semanas, estos hombres serán enviados a su país.”

Durante 10 minutos hablamos con Gerardo Tobon en una entrevista en donde me contó su historia esgrimiendo la necesidad de que las autoridades colombianas aporten las pruebas para que el pueda salir de este limbo, pero además en donde se le permit

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