El turismo del té en la India contribuye a difundir el aroma del Darjeeling

KURSEONG, India (AFP) – Un recorrido por los jardines del té en las célebres montañas indias de Darjeeling y la degustación de numerosas variedades de esta infusión dorada han llevado a la francesa Audrey Dreyer a soñar con una carrera en este rubro.

Dreyer es uno de los tantos turistas que quiere experimentar la vida en las haciendas de la famosa región de cultivo de té para aprender más sobre las variedades más codiciadas del mundo.

Como parte de un nuevo impulso para promover sus marcas a nivel mundial y tras haber adiestrado a turistas de forma gratuita en los años recientes, muchas haciendas ofrecen ahora un entrenamiento de pago especializado en las plantaciones.

Una de estas compañías es la Lochan Tea Limited, de propiedad privada, donde los estudiantes realizan un curso de tres meses en el comercio internacional del té.

Alentada por el creciente mercado para el Darjeeling en su país de origen, Dreyer y dos amigos recién se han graduado del curso que ofrece esta hacienda.

“En Francia, el mercado del té ha aumentado y Darjeeling es el más famoso. Aquí hemos aprendido sobre la industria, el marketing y hemos visitado los jardines de té”, dijo la estudiante, de 20 años.

Un total de 87 jardines de Darjeeling han accedido a la etiqueta geográfica que certifica que un producto -como el champán o el vino de Burdeos- proviene de cierta región y goza de las características distintivas del área.

Ubicada en la parte baja de los Himalaya, Darjeeling, con su clima fresco, mucha lluvia y pendientes que garantizan un fluido rápido del agua, otorga al té negro su aroma único.

La plantación Makaibari, donde el cultivo del té no es considerado sólo un negocio, sino una experiencia espiritual, ofrece estadías en la casa de los trabajadores de la hacienda, que ganan ingresos generados del turismo.

Los visitantes pueden compartir las comidas con sus anfitriones, unirse a los trabajadores en la cosecha, recorrer la fábrica donde se procesan las mejores hojas y conocer la agricultura “biodinámica” que “cura a la Tierra”.

Una marca de elevada calificación, Makaibari se cotizó a 50.000 rupias (1.250 dólares) el kilo en una subasta en Pekín en 2006, convirtiéndolo en uno de los tés más caros del mundo.

“Makaibari no es té, es magia”, dice su entusiasmado propietario, Rajah Banerjee. “Uno toma un sorbo, cierra los ojos y pide un deseo. Su deseo se hará realidad en 21 días”.

“Estamos viviendo la historia en este lugar, ya que estas plantaciones quizás no sobrevivan más de 50 años”, dijo Alicia Melrose, una neozelandesa que piensa edificar instalaciones sanitarias para los trabajadores de los jardines.

Sólo se cultiva té en un tercio de las 637 hectáreas del área de Makaibari, ya que el resto se halla bajo una densa selva tropical que la torna atrayente no sólo para los turistas sino para los académicos deseosos de aprender sobre la agricultura sostenible.

Mientras Makaibari recibe visitantes de todo tipo, otros como el jardín de Tumsong se centran en los más acaudalados, los que pueden pagar 220 dólares por noche por un bungalow ubicado en medio de exuberantes jardines y montañas envueltas en la neblina.

La tarifa incluye comidas, paseos y transporte desde el aeropuerto más cercano, que se encuentra a unos 100 km.

“Nuestros visitantes ven el proceso completo, desde la cosecha hasta el empaquetamiento, algo que muy pocos lugares en el mundo pueden ofrecer”, dijo Rajiv Gupta, gerente de Tumsong Garden.

Los expertos aseguran que el potencial de visitantes a la región es enorme, pero que el turismo del té sigue siendo un sector pequeño, subdesarrollado, y no hay estimaciones de los ingresos anuales que genera.

Los viajes a la región son “un gran ejercicio de promoción para el té Darjeeling, ya que es una experiencia única que los jardines del té pueden ofrecer”, afirma Sandeep Mukherjee, secretario de la Asociación de Té Darjeeling.

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