Exhiben el búnker alemán más sofisticado de la Guerra Fría

Por Olga Borobio.

Berlín.- El búnker más seguro de la Europa comunista durante la Guerra Fría, diseñado en la extinta RDA para resistir ataques biológicos y nucleares, no resistió los saqueos con el paso del tiempo y será cerrado en forma definitiva.

Pero antes del cierre definitivo, una última oportunidad para descubrir los entresijos del refugio más avanzado con que contaban los miembros del Pacto de Varsovia, estará abierto al público hasta el 26 de octubre, convirtiéndose en un museo, aunque sólo transitorio.

Tras años de entradas furtivas y robos de componentes de sistemas, acero o chatarra, principalmente después de la Caída del Muro de Berlín a finales de 1989, las autoridades alemanas tomaron la drástica decisión de cerrarlo a finales de 2008 en forma definitiva.

El refugio más seguro del dirigente Eric Honecker en la extinta República Democrática Alemana (RDA) será sellado con hormigón y reforzarán los “puntos débiles” de la obra, y harán inaccesible el túnel de entrada.

Los responsables afirman que es la única forma de evitar una mayor destrucción del mismo y de cumplir las medidas de seguridad.

La posibilidad de convertirlo en un museo permanente fue descartada debido a que el costo del personal para garantizar su seguridad y adaptación permanente a los visitantes sería demasiado alto, aseguran los responsables.

El búnker, construido para proteger a Honecker y a los más altos funcionarios de la ex RDA de una posible invasión militar o un ataque nuclear durante la Guerra Fría, se ubica en la zona de bosques en Prenden, a 45 kilómetros al norte de la capital alemana.

Inaugurado el 13 de diciembre de 1983, sólo seis años antes de la caída del Muro y el derrumbe de la RDA, era el más moderno construido detrás del “Telón de Acero”, la frontera que hasta hace menos de 20 años dividía a Alemania y a Europa.

Tenía tres pisos subterráneos y sus 400 habitaciones destinadas a albergar a la plana mayor del régimen, el partido y el aparato militar del Consejo de Seguridad Nacional.

Con paredes de hormigón de varios metros de espesor y un sistema autónomo de suministro de agua y electricidad, disponía de la más moderna tecnología, en su mayoría occidental.

Era “un edificio sin igual”, comentó durante su apertura Sebastián Tenschert, de la Asociación de Búnkeres de Berlín.

En el búnker a 21 metros bajo la superficie podían resistir durante casi dos semanas hasta 400 personas, según los planes hallados en los archivos.

El complejo defensivo se encontraba camuflado por un montículo de tierra y un equipo de los servicios secretos que habitaban en un pequeño barrio en las inmediaciones, lo cual evitaba que los vecinos de Prenden se acercaran demasiado.

La existencia del refugio se hizo innecesaria tras la reunificación alemana: en 1993 se cerraron sus puertas, pero casi diez años después el túnel de acceso fue abierto ilegalmente, dando inicio a una serie de saqueos y actos vandálicos, que generaron preocupación.

Antes de que desaparezca definitivamente del mapa, al menos de forma visible, la asociación que lo gestiona ofrece visitas guiadas para todos los gustos, aunque no para todos los bolsillos.

La visita estándar, de dos horas de duración, cuesta 20 euros (29 dólares), la más detallada 80 (117 dólares) y para los más aventureros y deseosos de explorar las cavidades más recónditas, el más apropiado es el “Tough Guy Tour”, por 100 euros (147 dólares).

El recorrido estándar ofrece un panorama completo por las instalaciones del búnker: La esclusa de descontaminación, a la entrada, prevista para someter a las personas que hubiera estado expuesta a algún tipo de radioactividad.

También puede verse la instalación de suministro de agua, con un pozo que se pierde a 70 metros bajo tierra y un depósito de reserva, así como los dispositivos para la producción de electricidad.

Lo interesante de esta última sala es que se trata en realidad de un sector exterior al búnker, lo que significaría que en caso de un

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