.A cuatro años de su muerte presentan exposición de Ramírez Villamizar.

México, 22 Ago (Notimex).- El Museo Eduardo Ramírez Villamizar,
en Pamplona, España, celebró el pasado 18 de mayo el Día
internacional de los Museos, con una exposición restrospectiva de ese
pintor y escultor hispano-colombiano, integrada por más de 30 piezas.

Por medio de esta muestra vemos al artista como un ordenador del
caos, ya que invita al espectador al silencio, la calma y la
reflexión, llegando fácilmente a la tolerancia, la convivencia y la
aceptación del otro.

Ramírez Villamizar fue autor de una extensa en la que manejó con
dominio el color y la forma, el escultor y pintor será recordado este
sábado, al cumplirse cuatro años de su fallecimento, ocurrido el 23
de agosto de 2004.

Las obras de Ramírez Villamizar manifiestan por medio de la
estética su resistencia a las dinámicas violentas, a lo que el
escultor llamó el caos. Es una fusión entre lo denso del material y
lo sutil de la idea misma, en otras palabras, destaca el orden en
medio del caos.

Ramírez Villamizar nació en Pamplona el 7 de agosto de 1923, sin
embargo hizo su vida en Colombia, donde inició estudios de
arquitectura en la Universidad Nacional de Bogotá, entre 1940 y 1943.

Su interés por las artes plásticas lo hizo abandonar la carrera
y comenzó a pintar en términos expresionistas, un poco a la manera de
Georges Rouault.

Sus biógrafos han expresado, que el paso definitivo al arte
abstracto lo dio en París, poco después de su llegada a esa ciudad en
1950.

Vinculado al arte geométrico, Ramírez realizó una obra personal,
caracterizada por la relación estrecha de formas planas que,
presididas por la línea recta o la línea curva, por diseño y color,
se imbrican o se engranan entre sí.

A veces la composición está dominada por las curvas y otras
veces sólo hay rectas, aunque en la mayoría de los casos aparecen
unas y otras en los más diversos acoplamientos.

El colorido es variado pero hay un predominio del rojo, el azul,
el verde, casi siempre puros, y de los neutros, como el negro, el
blanco y los grises, y según los conocedores de su pintura abstracta,
ésta fue el preámbulo necesario para su obra como escultor.

Señalan que es tal la unidad de toda su producción, que algunos
cuadros anticiparon claramente sus primeros relieves e, incluso,
anunciaban las formas y los espacios de sus esculturas libres.

Entre 1959 y 1964, Ramírez Villamizar realizó una gran cantidad
de relieves; los primeros fueron blancos; mientras que los planos
superpuestos, de escaso espesor, prolongaron tanto la morfología como
las composiciones de las pinturas.

Poco a poco, sus trabajos se volvieron más complejos, los
elementos se multiplicaron y sus relaciones se hacieron más
intrincadas. También aparecieron los colores amarillo, azul y ocre,
aunque el blanco continuó predominando.

Sus relieves de 1962 fueron dedicados a la orfebrería
precolombina, el diseño de estas piezas muestra su admiración por los
trabajos del Museo del Oro, lugar en el que aprendió del diseño, la
organización de las superficies y los contrastes entre planos lisos y
otros muy elaborados de los trabajos prehispánicos.

Frecuentó Estados Unidos desde los años 50, de hecho, vivió en
Nueva York, de 1967 a 1974. Allí comenzó a trabajar láminas de
plástico, inclinó los planos que siempre se habían mantenido como
paredes y estableció el espacio dentro de la escultura.

De 1967 a 1968 realizó obras como “Construcciones emergiendo”,
los “Círculos intersectados”, las “Construcciones suspendidas”, las
“Cámaras en progresión” y las “Construcciones topológicas”, entre
otras.

En 1971, Ramírez Villamizar realizó cuatro torres en concreto,
en una autopista de Vermont. A partir de esta obra trabajó
“Columnata”, en Fort Tryon Park,, de Nueva York, y las 16 torres en
los cerros orientales de Bogotá, a la altura del Parque Nacional.

Desde finales de los años 70, el artista realizó esculturas de
hierro oxidado. Alguna vez, Ramírez Villamizar dijo qu

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