Aprendiendo a vivir mejor con la diabetes

WASHINGTON, D.C. (ConCiencia) – Si cambiar la manera de pensar de una persona es una de las cosas más difíciles de lograr, entonces Sorangel Posada y Eudom Ixthayul tienen ante ellos un gran reto.

Cada semana, ambos carismáticos miembros del personal de la Clínica del Pueblo en Washington D.C., reúnen a un grupo de pacientes con diabetes para enseñarles qué deben comer y una rutina diaria de ejercicios.

“Qué guapas están todas hoy, ¿como están hoy día?”, comienza saludando Posada con una sonrisa a los 14 alumnos de la clase, todos ellos adultos mayores que padecen de diabetes tipo dos, en su mayoría mujeres. Los hombres son solo tres; uno de ellos acompañado de su esposa y nieto.

“Desafortunadamente tenemos muchos problemas de diabetes”, dijo Posada. “Pero se puede vivir bien y vivir con diabetes”.

Desde hace 18 años, Celia, una de las participantes de El Salvador, sabe cómo es vivir con diabetes. A sus 71 años, Celia recuerda la manera en cómo descubrió que tenía la enfermedad. Trabajando en los campos de Maryland se rasguñó un ojo y fue al doctor para que le revisen la herida. Fue entonces cuando el médico le hizo un examen general y le encontró la enfermedad. “He cambiado la manera de comer”, dijo Celia a propósito de su diagnóstico.

Sin embargo, esta señal de advertencia no hizo que –años después– su hija Sonia, quién también participa en las clases de la clínica, corriera la misma suerte. Desde hace un año, Sonia padece de diabetes tipo dos, y al igual que su madre, quiere aprender a convivir con ella.

Todos los jueves, el grupo de estudiantes proveniente de diferentes partes de Latinoamérica comparte sus experiencias. Desde la ausencia de dolores gracias a los ejercicios, hasta el daño de consumir medicinas sin tener nada en el estómago, todos tienen una lección para los demás.

“El tener diabetes no nos limita”, dijo Ixthayul, el coordinador de las actividades físicas de la clínica. “Solo debemos cuidar lo que comemos”.

Ixthayul enfatizó que hay que tener claro que sin bien la diabetes no tiene cura, solo quienes la padecen tienen el control sobre su cuerpo. “Acuérdense que nosotros controlamos la diabetes, no la diabetes nos controla a nosotros”, dijo Ixthayul, quien es de origen chileno. “El tener diabetes no nos hace incapacitados”.

Contrariamente a lo que muchos piensan, se trata de una clase bastante estricta donde los instructores, entre los que también se encuentran dos promotoras de salud, evalúan constantemente a los alumnos.

Sólo cinco de los 13 alumnos presentes levantó la mano para responder a la pregunta de Ixthayul sobre quiénes leen las etiquetas de los alimentos. “Yo aprendí a leerlas desde que vine aquí”, dijo una de las alumnas que sí levantó la mano.

Los creadores del programa saben que alentar el cambio hacia una buena alimentación y un estilo de vida activo en los pacientes diabéticos no puede ser drástico. “Si hoy te comes cuatro pupusas, en dos semanas te comes tres y medio”, dijo Ixthayul. “Luego dos y medio, y así poco a poco van reduciendo la comida”.

Las alumnas escuchan atentas y asienten. Saben que es demasiado tarde para prevenir la diabetes, pero no para aprender a convivir con ella.

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