La amenaza de Gustav deja pueblitos fantasma en costas de Cuba

BATABANO, Cuba (AFP) – Con televisores al hombro, bultos repletos de ropa, en guaguas, carretones o a pie, miles de personas se apresuran a evacuar este sábado el pueblito pesquero de Batabanó, 70 km al sur de La Habana, ante la cercanía del temido huracán Gustav.

El ciclón, categoría 3 en la escala Saffir-Simpson -de 5- deja pueblos fantasmas. La Defensa Civil ordenó la evacuación de los más de 5.500 habitantes del Surgidero, en el municipio de Batabanó, que sufre las penetraciones del mar cada vez que azota un ciclón.

Como en Batabanó, más de 190.000 habitantes salen de los pueblitos pesqueros de Cortés, La Bajada y La Coloma, en Pinar del Río -140 km al oeste de La Habana-, por donde Gustav deberá impactar este sábado, tras dejar 85 muertos en Haití, República Dominicana y Jamaica.

Con botas de goma, impermeables naranjas y amarillos, muchos caminan febrilmente por las calles, y suben a buses escolares -guaguas- o al transporte obrero listo frente al Consejo de Defensa del lugar, para llevarlos a sitios seguros.

Maydé García, de 38 años, está evacuando a “Niña”, un cerdo blanco de 100 kilos que lleva amarrada con una soga, como si fuera un perro, mientras los vecinos la ayudan a subirla a un coche tirado por un caballo, para trasladarla a la cabecera municipal de Batabanó.

“Está preñada y no podemos perderla”, dijo Maydé resuelta.

Algunos cargan televisores y otros equipos electrónicos para ponerlos a resguardo, lo más pesado, como los refrigeradores, son llevados en carretones y coches tirados por caballo.

María Pérez, de 31 años, carga un equipo de sonido y su hijo José de 8 años un ventilador y su bicicleta. Vamos para Batabanó a casa de unos familiares, explicó ella.

La mayoría de la población es llevada a la cabecera municipal, a casas de amigos, familiares y vecinos, en zona segura. Unos cientos a albergues que ya tienen brigadas médicas listas, explicó a la AFP Marisela Vadell, jefa de Evacuación del Consejo de Defensa del pueblito.

En las bodegas y tiendas, la gente forma filas desde muy temprano para abastecerse de alimentos. “Estamos priorizando la entrega de alimentos”, aseguró Vadell.

Casi un 90% de Surgidero de Batabanó se dedica a actividades pesqueras, tanto propia como dentro del combinado industrial pesquero que procesa langostas, peces como el pargo, camarón y sobre todo la esponja, una vieja actividad marina del lugar.

Hace tres años el huracán Wilma, que provocó inundaciones históricas en La Habana, cubrió de agua casi todo el pueblo, el mar penetró hasta casi un kilómetro de la terminal pesquera y marítima de Batabanó.

Desde allí parte dos veces al día un catamarán hacia la Isla de la Juventud con capacidad para unas 400 personas. Ante el peligro de Gustav, los viajes están suspendidos.

“Yo vine a buscar a mi hija para llevarla a mi casa a Batabanó porque aquí el agua llega al pecho”, dice Roberto García, de 61 años, mientras, ayudado por su yerno y sus hijos, monta el televisor, el refrigerador y el equipo de música en una carreta tirada por un viejo tractor.

Antonio Guerra, un pequeño agricultor de 48 años, tiene un camión propio del año 1956, en muy buen estado con el que traslada sus cosechas al mercado. Cada vez que hay ciclón viene a Surgidero a evacuar a sus amigos.

“Tengo ocho amigos en el pueblo que siempre los llevo para Batabanó”, dice Guerra, quien saca a Raúl Herro, de 57 años, de su casa, adonde el agua llegó a un metro de altura hace tres años con Wilma, pues está ubicada a sólo 200 metros de la costa.

Raúl se lleva los aparatos eléctricos y dejó en la sala de su vivienda los muebles colgados del techo, amarrados con sogas. El colchón a resguardo sobre una mesa que subió en unos bloques.

“No tengo temor por las cosas pues aunque el pueblo se queda vacío, siempre la policía y las autoridades se encargan de vigilar y cuidar”, dice su esposa, Marisel Martínez, de 43 años, quien sale también con sus

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