Artesanías de Ráquira: una sinfonía de color en el centro de Colombia

Por Carlos Augusto Rodríguez. Corresponsal

Bogotá, 31 Ago (Notimex).- El poblado colombiano de Ráquira, en
el centro del país, es celoso guardián de una centenaria tradición
cultural que se expresa en su artesanía, que seduce al visitante como
una sinfonía visual, llena de color y vida.

La primera visual que se tiene sobre esta pequeña localidad del
central departamento de Boyacá, cuyo nombre significa “pueblo de
olleros”, hace pensar de inmediato en la cultura mexicana, por la
intensidad de los colores y la composición artística del paisaje.

Al recorrer sus calles, además, se ve la clara influencia de la
Colonia española y las raíces indígenas, lo que convierte a Ráquira
en un monumento al mestizaje, que se expresa a través del arte y la
cocina.

Esta localidad, cercana a la histórica población de Villa de
Leyva, es un sitio de alfareros, tejedores y trabajadores del metal
que reunen su talento para exponerlo en su calle principal, en un
mercado permanente lleno de belleza.

“Venir a Ráquira es una experiencia totalmente sensorial, porque
en cada local hay centenares de pequeñas y grandes artesanías que
hacen grande al país y a la cultura de Boyacá”, aseguró a Notimex la
diseñadora textil Marcela García, amante de esta localidad.

La sensación al recorrer las pocas calles del pueblo es de una
alegría intensa, no sólo porque el colorido alienta el espíritu, sino
porque la amabilidad de la gente es tan evidente que el turista se
termina sintiendo parte del poblado.

Pero más allá del arte y la expresión cultural, Ráquira se ha
convertido en un medio de sustento para más de 500 familias que se
dedican principalmente a la alfarería y la cerámica, que trabajan con
arcilla y barro cocido.

Por esta razón, el visitante camina entre ollas de barro, todo
tipo de figuras decorativas, luces de colores y casas antiguas y el
sonido de decenas de “bienvenidas”, que son figuras de barro colgadas
que suenan al paso del viento.

“Hay un ambiente muy artístico y también espiritual en este
pueblito. Porque además del color, la textura y las formas, el sonido
también se hace presente y es muy agradable”, aseguró García.

Pero el visitante no sólo encuentra el atractivo de Ráquira en
su población, sino que, además, la ruta para llegar a esa turística
localidad tiene sus propios encantos.

“Antes de llegar (a Ráquira), uno para en un pueblito cercano
que se llama Sutarmarchán, donde la comida típica, que aquí se llama
rellena (intestino de res con arroz y sangre), es muy apetecida
porque es deliciosa”, aseguró García.

En Sutamarchán hay cerca de una decena de restaurantes apostados
a lo largo de la avenida principal, especializados en este tipo de
alimentación, que a todas luces resulta bastante grasosa y poco
balanceada, pero no por ello menos deliciosa.

Una vez en Ráquira, la mayor diversión que puede encontrar el
visitante es comprar, pues en sus calles resulta fácil encontrar
figuritas de menos de un dólar hasta vasijas de variados tamaños que
pueden costar hasta 15 dólares.

“También hay bolsos en lana, algunas cosas en cuero, ropa
artesanal, objetos en mimbre, joyas de fantasía y por su puesto
antiguedades, algunas heredadas desde la época colonial”, aseveró
García.

En Ráquira hay tanto que ver que un día de visita no es
suficiente y por lo tanto la mayoría de las personas decide quedarse
más tiempo, encontrándose con la sorpresa que muchos almacenes de
venta de artesanías se convierten en acogedores hoteles.

“Uno puede pasar la noche en una casa de estilo colonial por
unos 25 mil pesos por persona (14 dólares) y allí puede hasta
desayunar, es muy bonito para ir con la familia o con la pareja”,
aseguró por su lado la turista y docente Miriam Triana.

En caso de que el turista decida quedarse un día más, tendrá
tiempo para conocer el proceso de fabricación de las ollas, pues se
puede entrar a uno de los hornos de cocción en cuatro veredas a las
que se llega con r

You must be logged in to post a comment Login