Sirven danzas para fortalecer estado de ánimo y salud.

* Los bailes téenek, presentes en el XIII Festival de la Huasteca.

Xilitla, SLP, (Notimex).- Las danzas no sólo sirven para estar
contento y divertirse, sino también para sanar, para estar en paz con
uno mismo y con la gente, afirmó el rezandero y curandero téenek,
Santos Bardomiano Vidales.

El habitante de la comunidad Tancuime, del municipio de
Aquismón, participó en La Huasteca; Encuentro con sus orígenes, foro
organizado en el marco del XIII Festival de la Huasteca, que se
celebró el pasado fin de semana en esta población.

La mesa redonda, realizada en una de las salas del ex convento
agustino de Xilitla, reunió también a los antropólogos Anabella Pérez
Castro, Lizett Alegre, Marcela Hernández y al arqueólogo Guillermo
Ahuja, quien habló de los descubrimientos más recientes de la ciudad
prehispánica huasteca de Tamtok, una de las más grandes de México.

De acuerdo con Bardomiano Vidales, una danza animada con música
“limpia” y ajena a ingredientes sensuales, como los que contiene el
son huasteco o huapango; puede servir para que la gente fortalezca su
estado de ánimo y su salud corporal.

Pero tiene que estar dedicada a Dios y a la Virgen de Guadalupe
y acompañada de una sencilla ofrenda de agua en un vaso, un ramito de
flores o una ramita de cualquier árbol y oraciones, “muchos rezos si
el caso es difícil o grave”, explicó.

Las danzas téenek se interpretan con música discreta como los
minuetes, canarios y sones no estridentes. Los intérpretes
generalmente tocan violín, guitarra y jarana. En otros pueblos de
esta cultura se integran dúos con arpa y guitarra, indicó.

Reunidos estos componentes, las danzas sirven para curar
cualquier tipo de enfermedad, tener trabajo, garantizar la comida, la
paz y la tranquilidad en una casa, incluso con el propósito de evitar
los pleitos con la esposa o entre hermanos.

“También para alejar de las casas a los envidiosos, los
borrachos y las gentes violentas. También sirven para hacer volver a
la casa a los que se han ido lejos, incluso al extranjero”, dijo
Santos Bardomiano en un segmento del foro académico.

Recordó que hace unos años una madre que tenía su hijo en
Estados Unidos, y que sabía que éste andaba sin trabajo arriesgando
la vida en las calles, le pidió que rezara por él durante una danza.
La señora era de Monterrey y quería que su vástago volviera.

“Y así lo hicimos. Rezamos en ritual todas las mañanas a Cristo
Señor y la Virgen de Guadalupe hasta cumplir un novenario. Ibamos en
el séptimo día, cuando la señora escuchó que tocaban su puerta. Era
el muchacho que había regresado.

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Sirven danzas. dos. regresado

“Ya llegué, mamá, pero no traigo dinero”, dijo el joven
regresado, pero su mamá respondió que eso no importaba porque ella lo
que había pedido era solamente que regresara bien física y
espiritualmente, contó.

La comunidad téenek de Tancuime cuenta con nueve danzas que se
utilizan en rituales diferentes. Unas son para sanación, otras para
pedir lluvia y la mayoría para ofrendar al maíz en sus distintos
ciclos de vida.

Esta cultura potosina comparten con los pueblos nahuas de la
Huasteca una cosmovisión prehispánica que atribuye al maíz el origen
terrenal y civilizatorio del hombre, y asocian su ciclo vital con el
desarrollo de éste, desde que nace hasta que muere.

“Buena parte de las danzas rituales de los dos pueblos huastecos
están dedicadas al alma del maíz. Entre los náhuas ésta recibe el
nombre de chicomexóchitl y entre los téenek (los primeros pobladores
de la Huasteca) de dhipak”, explicó Marcela Hernández, moderadora del
foro “La Huasteca: Encuentro con sus orígenes”.

El XIII Festival de la Huasteca fue organizado por el
ayuntamiento de Xilitla y el Programa de Desarrollo Cultural de la
Huasteca, integrado con los institutos, consejos y secretarías de
Cultura de los estados de Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luis
Potosí, Tamaulipas y Veracruz.

Así como la Dirección General de Vinculación Cultura

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