Daniel Ortega bajo fuego cruzado

Este lunes llegó a Paraguay una carta enviada por la comunidad de Solentiname a Fernando Lugo, donde se acusa a Ernesto Cardenal de haber viajado a Paraguay con la misión de difundir el mensaje de la derecha de Nicaragua.

En la misma misiva los remitentes invitan al clérigo-presidente a visitar el archipiélago de Solentiname para conocer la verdadera cara de Ernesto Cardenal, a quien no dudan en calificar como “un lobo peligroso disfrazado de cordero”.

De la campaña ha participado una conocida personera de la National Endowment for Democracy en Paraguay, curiosamente nombrada ministra por el clérigo-presidente “marxista” Fernando Lugo, la secretaria de la mujer Gloria Rubín.

Al parecer, la NED ha retomado el antagonismo contra los sandinistas de dos décadas atrás, cuando con mil millones de dólares apoyó la candidatura de Violeta Chamorro, luego de una década de terror y guerra económica declarada por el imperio a Nicaragua.

“Es obvio que se ha desatado una implacable campaña de desprestigio contra los gobiernos desobedientes (léase: los países miembros del ALBA)”, señala en una carta divulgada por el comandante Tomás Borge.

“En este marco, el ataque sistemático al presidente de Nicaragua alcanza visos de cacería de brujas, en las cavernas locales e internacionales”, agregó la carta.

Más adelante señaló la misiva que “el concierto mediático de calumnias, está siendo orquestado por el desafinado director de siempre y es repetido hasta la náusea por las agencias noticiosas. Acusar en falso, descontextualizar, mentir sin pudor “que algo queda…Variaciones sobre un mismo tema”.

Borge relata en su misiva la historia de Nubia Arcia, quien llegó al archipiélago de Solentiname como profesora a la comunidad que el monje trapense había fundado entre los campesinos y pescadores del lago Cocibolca [o lago Nicaragua].

Eran tiempos de Somoza. Cardenal tuvo la habilidad de hacerse famoso junto a su comunidad.

“Bajo el influjo del maestro, Nubia se hizo poeta. Un día, los jóvenes decidieron practicar el evangelio: abandonaron sus islas y en el nombre de Sandino asaltaron el cuartel de San Carlos. Nubia estaba entre ellos”, sigue el relato.

El líder de esos muchachos se llamaba Alejandro Guevara. Alejandro era el discípulo predilecto de Ernesto: fue teólogo campesino, poeta popular, pintor primitivista; y lo normal en aquel resplandor, se hizo guerrillero.

Se enamoró de las abundantes gracias de Nubia y se casó con ella, con la cual tuvo varios hijos.

Al triunfo de la revolución, el padre Cardenal partió a la capital a ocuparse del Ministerio de Cultura; Alejandro Guevara tuvo a su cargo la defensa de la frontera sur, en la guerra financiada por Ronald Reagan.

Nubia se quedó en Solentiname, acogiendo a los peregrinos que buscaban el paraíso, en un hotelito que ella misma fue haciendo nacer a punto de sudor y sonrisas para turistas. El “Hotel Mancarrón” fue obra de su esfuerzo.

Tras la muerte de Alejandro, la comunidad de Solentiname le otorgó a su viuda la concesión del hotelito por los siguientes quince años (hasta que el último de los niños cumpliera la mayoría de edad: el 2010). Casi de inmediato, comenzaron las maniobras para arrebatárselo.

Inmanuel Zerger llegó de Alemania, donde había nacido, surcando las aguas del Cocibolca con una orquesta sinfónica abordo.

De las pangas hizo descender violines y fagots, la tuba y el contrabajo. Cuando los primeros acordes resonaron entre las islas, el Poeta exclamó: “Este hombre es un santo…”. Nubia lo hizo su esposo.

Una vez que el éxito del Hotel se consolidó, Ernesto Cardenal, en su calidad de presidente de la Asociación para el Desarrollo de Solentiname, pretende despojar a Nubia Arcia e Inmanuel Zerger de la gestión del hotel.

Se ha valido de artimañas que no están a la altura de su imagen de profeta revolucionario: les ha mandado a cerrar el hotel en varias ocasiones, espantando a los turistas que se encontraban alojados; les ha hecho confiscar el mobiliario; los ha desprestigiado.

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