Psicosis de golpe en Paraguay

La temporada alta de golpes de estado ha quedado inaugurada en Paraguay, dado que por lo general coincide con el cambio de diplomáticos en la embajada norteamericana, algo que acaba de ocurrir.

La sicosis de golpe es tanto más notoria, considerando que es la primera vez en la historia que un golpe de estado es anunciado por todos los medios de comunicación, y que se presenta como una gravísima conspiración una reunión entre cuatro ciudadanos.

La afiebrada y delirante denuncia del gobierno afirma que una reunión entre dos senadores y un general constituyó un intento de golpe de estado.

Fue un golpe, afirmó un fofo militar oficinista sin mando de tropa —y que además necesitó leer su propia denuncia con la ayuda del ministro del interior como apuntador—, porque los senadores preguntaron al militar su opinión sobre la crisis en el Parlamento paraguayo.

Entre los cuatro golpistas tres eran civiles, entre ellos un anciano septuagenario que por momentos evidencia demencia senil y un fiscal fuera de forma cuya foja de servicio militar se desconoce.

Los referentes de la oposición paraguaya coincidieron en afirmar que, el supuesto golpe de estado “denunciado” por el clérigo presidente de Paraguay, es apenas un invento para perseguir a opositores, como ya sucedió en incontables ocasiones en el pasado en este país.

En épocas de la dictadura de Stroessner, alegaron, era costumbre que el ministro Edgar L. Ynsfrán inventara conspiraciones contra el dictador para orquestar sangrientas represiones.

Casualmente el hermano del ministro citado, el doctor Oscar Ynsfrán, fue uno de los puntales del clérigo presidente Fernando Lugo durante el proselitismo para el 20 de abril.

A pesar de sus antecedentes en la represión, cuando actuaba de enlace entre su hermano y los torturadores norteamericanos desde su cargo diplomático en la embajada paraguaya en Washington.

El vicepresidente Federico Franco, que se supone debía ser el agraciado con el cargo vacante luego de triunfar las “acciones” de los atléticos complotados, adujo haberse informado de la asonada militar cuando leía plácidamente los diarios.

Algunos malpensados desconfiaron —a pesar de todo— de la coartada del vicepresidente, ya que se conoce que ha iniciado contactos con el partido colorado para un pronto desalojo del clérigo.

Al punto de reunirse con los ex vicepresidentes Angel Roberto Seifart y Luis Alberto Castiglioni, ambos con vasta experiencia en materia de conspiraciones mientras ocupaban la vicepresidencia.

Sin una bancada que le responda en el Parlamento, rodeado de improvisados y petulantes, las oscilaciones en la base de sustentación del clérigo presidente, ya se veían venir mucho antes de su asunción al mando.

La obligada interrogante con respecto a Fernando Lugo en las calles, ciertamente, no es si hará un buen o mal gobierno, sino cuánto podrá durar su mandato, y muchos ya han disparado el cronómetro.

Las conjuras se saben en todas partes: en el partido Liberal, en el partido colorado, en las Fuerzas Armadas (la mayoría de los mandos superiores pertenecen al partido Colorado, por haber ingresado a la fuerza en tiempos en que la afiliación al partido Colorado era obligatoria), en el funcionariado público, en el poder judicial, en la justicia electoral, en la derecha y en la izquierda.

Aunque el último golpe de estado triunfante en Paraguay sucedió hace ya veinte años, cada tres o cuatro años los golpistas han estado intentando retomar la tradición de las primeras décadas del siglo XX.

El principal partido que integra el actual gobierno (el partido Liberal), aumenta las probabilidades matemáticas de un golpe de estado si se observa la historia paraguaya.

Entre 1904 y 1924 la nucleación en cuestión legó a la historia del país 17 presidentes, cuando de acuerdo a la Constitución entonces vigente no deberían haber sido más de cinco.

Que se encuentre al frente del país un gobernante honesto y capaz no es precisamente una garantía de estabilidad, más aún cuando

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