Una mirada a los Índigo

SAN DIEGO, CA. (ConCienciaNews) – Si su hijo es brillante, extremadamente sensible, atento a las necesidades de los demás, maduro para su edad y con problemas de concentración en la escuela, algunos dirían que se trata de un niño Índigo.

El concepto fue introducido por la psíquica Nancy Ann Tappe en 1982 a través de su libro Understanding Life Through Color. Tappe, quien decía tener la capacidad de ver auras, dijo que los niños de la nueva era que compartían estas características poseían un aura de color índigo.

El color del aura determinaría un comportamiento similar y una serie de objetivos comunes en un grupo de personas. Tappe asegura que la mayoría de adultos posee un aura de color violeta o azul, los colores necesarios para esta etapa de evolución universal. Los Índigos sin embargo, son la nueva norma y eventualmente reemplazarán a los violeta.

Según Tappe, el 95 por ciento de los niños nacidos en la última década es un Índigo.

“Estos niños del nuevo milenio han llegado para cambiar las vibraciones de nuestras vidas y crear una sola tierra”, dice Tappe en su libro. “Son nuestro puente hacia el futuro”.

Jacqueline Lloyd, experta en metafísica y residente de San Diego, California, concuerda con la visión de Tappe sobre la existencia y función de los niños Índigo, pues afirma tener una en casa. Al ser testigo de lo que describe como una inteligencia inusual y una “madurez sorprendente”, Lloyd empezó a investigar más de cerca la personalidad de su hija cuando ésta tenía tan sólo año y medio.

“Los índigo tienden a ser extremadamente sensibles hacia las emociones de otras personas”, dijo Lloyd. “Son brillantes, siempre adelantados a su edad y serán fantásticos resolviendo problemas”. Este tipo de habilidades haría de los Índigo los engranajes perfectos para poder evolucionar a las sociedades del futuro.

Sin embargo, al no tratarse de una corriente de estudio empírica basada en estudios clínicos, quienes trabajan día a día con niños que padecen de problemas mentales y de aprendizaje no comparten esta visión.

Sandra Sologuren, terapista clínica bilingüe en Ontario, California, y quien trabaja con niños autistas hispanos, dijo que “no existe una prueba” de la existencia de una corriente Índigo y, en consecuencia, tampoco una categoría formal.

Por otro lado, las características que sugieren quienes promueven el concepto de los niños Índigo son ambiguas y no siempre se presentan en grupo: algunos niños pueden ser brillantes sin ser extremadamente sensibles y viceversa.

La mayoría de los Índigo tiene problemas de concentración en la escuela, por lo que son diagnosticados con Déficit de Atención o ADHD. Muchos de ellos también presentan serios problemas mentales y de aprendizaje.
Paradójicamente, conforme va aumentando la incidencia de autismo (1 en cada 150 niños es diagnosticado con cierto grado de autismo según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC), aumenta a su vez la popularidad del término Índigo.

“Los diagnósticos son una cosa u otra como autismo y déficit de atención”, dijo Sologuren. “No se puede tapar un diagnóstico como éstos con algo más romántico como el Índigo”.

Para Lloyd, diagnósticos como éstos son producto de la falta de apoyo que experimentan los Índigo. “Dicen que se aburren, e incluso se ríen de la escuela”, dijo. Según ella, a diferencia de otros niños, los Índigo deben recibir un tipo de enseñanza que estimule su creatividad.

Sologuren teme que al considerar la existencia de una categoría Índigo, los padres se cieguen ante los inminentes problemas de desarrollo que puedan tener sus hijos y se escuden en ello para no buscar ayuda profesional. No obtener los tratamientos médicos adecuados en una etapa temprana impacta de manera negativa cualquier tratamiento mental y de desarrollo.

Ella recomienda que los padres lleven a sus hijos para una evaluación con un especialista si notan algo extraño en su comportamiento, como por ejemplo si no interactúan lo suficiente con su entor

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