La juventud pobre y rica de América Latina asombra en Venecia

VENECIA, Italia (AFP) – La controvertida juventud latinoamericana asombró este jueves en el Festival de Cine de Venecia, con los filmes del mexicano Eugenio Polgovsky y la argentina Celina Murga, los cuales describen las dos caras de la misma moneda: pobreza y riqueza.

Con el documental “Los herederos” de Polgovsky, presentado en la sección Horizontes, la más innovadora del festival, el cineasta mexicano presenta un retrato sobrio y penoso de la explotación del trabajo de los menores.

“Narro con dignidad las condiciones precarias de la pobreza y la lucha de los niños del campo mexicano”, contó el cineasta, de 31 años, al presentar su segundo documental, después del exitoso “Trópico de Cáncer”, premiado en Cannes (Francia) y Sundance (EEUU).

Aplaudida por el público, la cinta muestra a los ‘herederos” de generaciones y generaciones de campesinos pobres, niños pequeños y adolescentes, que trabajan del alba al atardecer en la cosecha de tomates, habichuelas, en la preparación de ladrillos de cemento, en la molienda de maíz, en telares y hasta en la recolección de maderas.

Los rostros duros, agotados, vencidos por el destino son el fruto de tres años de trabajo del director, quien recorrió varios Estados de México y pasó temporadas con ellos para que aceptaran la presencia de las cámaras.

Para “rescatar” a esos niños y darles una voz a nivel mundial y nacional, Polgovsky se limita a mostrarlos, sin diálogos y poca música, sumisos, cargando baldes y palanganas, cocinando para los hermanos menores o simplemente trabajando por encargo de un adulto para pagar alguna deuda.

“Durante la realización del documental me di cuenta que los niños desempeñaban una labor fundamental de la vida diaria y en la lucha por sacar adelante la familia día a día”, contó a la prensa.

Frente a esos niños endurecidos por la pobreza, otros niños, pudientes y arrogantes, ilustran las contradicciones de la sociedad latinoamericana con el filme “Una semana solos” de la argentina Murgia, presentado en la sección Jornada de los Autores.

En una lujosa urbanización de las afueras de Buenos Aires, una decena de muchachos, de unos 6 a 15 años, se quedan solos, sin algún adulto, libres de hacer lo que quieran, encerrados en un mundo dorado con piscina, televisión en cada dormitorio, computador, móvil, videojuegos y una empleada doméstica a su servicio.

La película, que deja muchos aspectos sin tratar y cabos sueltos a propósito, como las razones de la ausencia de adultos y de autoridad, juega con esos vacíos para describir a una generación de jóvenes latinoamericanos, insensible y aislada del mundo exterior.

“Hace algunos años leí de un par de generaciones que nacen y crecen en esas urbanizaciones cerradas. Me interesa esa generación porque son un espejo de la sociedad actual”, comentó la directora, autora de “Ana y las otras”, presentada en Venecia en el 2003.

Murgia, seleccionada para trabajar como asistente por un año con Martin Scorsese, quien escribió también parte del guión, empleó a actores que provienen en su mayoría de esas urbanizaciones.

En el filme, los chicos terminan por desarrollar lentamente una serie de dinámicas destructivas, llegando a devastar una residencia del conjunto residencial e involucrar al hermano de la empleada doméstica.

“El filme es una metáfora para adultos y refleja el mundo de los adultos, porque lo reproduce”, sostiene la directora, que termina por describir las enormes diferencias sociales que azotan a todo el continente de América Latina.

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