El precio del diputado

Se dijo más de una vez que la política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros, realidad que se confirma leyendo las declaraciones de los políticos en Paraguay.

El empresario Osvaldo Domínguez, actual presidente del partido colorado por la sagrada voluntad del obispo Fernando Lugo, criticó al legislador de sus propio partido Arístides Da Rosa por ser un “diputadito barato”.

El cruce verbal se originó cuando Da Rosa reclamó a Domínguez que pague las deudas con los funcionarios de la sede del partido, en bancarrota luego de perder las elecciones del 20 de abril pasado.

Es normal en Paraguay que tanto legisladores, militares, funcionarios diversos e incluso organizaciones tengan un precio determinado, al punto que ser acusado de venderse a bajo precio constituye una afrenta pública.

Aunque por lo general los políticos se venden a la embajada norteamericana, donde acuden a realizar proselitismo en lugar de hacerlo ante el pueblo, también es frecuente que lo hagan al gobierno de Taiwán y últimamente al de Venezuela, por lo general a todos ellos y en el mismo día.

Por razones obvias, la embajada norteamericana es la de mayor solvencia, y tan segura está de tener comprados a los sátrapas que puede darse el lujo de afirmar que no le interesa que también se vendan a la embajada de Venezuela.

“El presidente Lugo puede relacionarse con quien quiera, ya que nosotros tenemos también un acercamiento con los países que queramos” aseveró la nueva embajadora de Washington en Paraguay, Liliana Ayalde, en alusión a que teóricamente el Paraguay es libre y soberano en materia diplomática.

“No hay molestia ni malestar” agregó luego sobre el acercamiento a Hugo Chávez, presidente venezolano. Ver: http://www.lanacion.com.py/noticias_um.php?not=201942

Hay que decir en defensa de los políticos, que también se venden los periodistas y medios de comunicación con notable asiduidad. En Paraguay, todo tiene su precio, y las tasaciones de diputados e incluso gobiernos no constituyen una novedad.

Cuando a principios de la década de 1930 personeros de Rockefeller incitaron a Bolivia a apoderarse del Chaco Boreal para quedarse con su petróleo, la Shell financió al ejército paraguayo para que lo defienda y las ganancias de los mercaderes de la guerra costó más de cien mil paraguayos y bolivianos muertos, merced a los líderes de ambos países.

El incidente sólo confirma lo dicho por Groucho Marx: La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

A principios del siglo XX, un empresario portugués de nombre Manuel Rodríguez, testaferro de Percival Farquhar, pagó doscientas mil libras esterlinas por lograr un cambio de gobierno en el Paraguay, que entonces igual que hoy, se encontraba gobernado por el Partido Liberal.

Los golpistas devolvieron su dinero al inversionista, que buscaba concesiones ferroviarias, cargando la cuenta sobre las escuálidas arcas fiscales.

Las empresas del “pirata da finança internacional” como lo recuerdan algunos historiógrafos brasileños, incluso fueron capaces de precipitar el estallido de la guerra del Contestado, y antes habían exterminado flora y fauna en grandes áreas de Paraná y Santa Catalina.

Al igual que con la Brazil Railway Company y la Southern Brazil Lumber and Colonization Company, los testaferros de Farquhar lucraron en Paraguay depredando grandes zonas boscosas para vender la madera, lucrativa actividad que adoptaron con el transcurso del tiempo la mayoría de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de turno en el país..

La impunidad en los negocios explica que la política en Paraguay abra las puertas del paraíso terrenal, de allí que sea muy tenso el equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir.

Lo confirmaron esta semana dos políticos que disputaban una banca en el Senado, poniendo a la ciudadanía en vilo

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