El reciclaje está de moda en las pasarelas

PARIS (AFP) – Era una toalla de hospital y ahora es una chaqueta, era una gorra del ejército ruso y ahora es un bolso: cada vez más, los creadores de moda adoptan la recuperación y el reciclaje, para dar una nueva vida a objetos y materiales que, de otro modo, habrían terminado en la basura.

El fenómeno no es nuevo. Desde hace veinte años, el diseñador Martin Margiela realiza piezas únicas a partir de viejas prendas de vestir y otros objetos, pero sus colecciones exigen muchas horas de trabajo y están dirigidas a una clientela acaudalada.

Más modestamente, la diseñadora argentina instalada en París Liza Grinberg realiza desde hace varios años, para su firma Costumisée Par Liza, modelos con material reciclado, prendas de vestir o cualquier otro tipo de textiles, como viejos telones de teatro.

Pero, según varios profesionales presentes en el salón Prêt à Porter de París, que termina este lunes, la “moda reciclada” interesa a cada vez más clientes, amantes del “vintage” (ropa antigua), deseosos de poseer piezas únicas o críticas de la sociedad de consumo.

“Esta es la manera más ecológica de realizar una colección, puesto que no hay producción, la materia prima existía ya”, explica, por su parte, Matthew Allen, encargado del sector “moda ética” del salón, en el que participan 80 marcas, es decir cuatro veces más que en 2006, cuando fue creado.

“Los consumidores quieren sentir que tienen la conciencia tranquila”, pero, por lo demás, esas prendas “tienen una historia, son únicas”, estima Allen.

La Brasileña Eliza Gabriel recupera retazos de tela que una decena de personas ensamblan en Brasil para crear broches, bolsos, tapices, etc.

“Es más barato” que la tela nueva, pero la idea es sobre todo “darle una nueva vida”, dice, explicando que no soportaba “ver todo ese desperdicio de tela”. “Es algo ideológico”, agrega.

También presente en el salón, la marca finlandesa Globe Hope es una firme militante del reciclaje. Globe Hope recupera toallas y ropa de los ejércitos finlandés y sueco, de hospitales o de empresas de construcción.

La firma transforma una antigua bolsa de dormir militar en una parka, la tela de un paracaídas en un vestido de verano, las toallas en chaqueta, los monos obreros en faldas.

El objetivo es “hacer algo útil haciendo moda al mismo tiempo. Cada pieza es única”, explica Saija Heinonen, representante de la firma en Francia.

“Las prendas y las telas de origen son usadas en algunos casos y en otros son nuevas, pero de todos modos habrían sido tiradas”, recalca.

La holandesa Frida Badoux encuentra en la recuperación un modo de dar rienda suelta a su sentido del humor y a sus ganas de “destruir la autoridad”. Badoux transforma las gorras de los uniformes de soldados y policías en bolsos, que a veces llevan marcado todavía en el interior el nombre de su antiguo propietario.

Las joyas no escapan a la moda del reciclado. La marca Cruselita, que exponía en el salón parisino del sector, Eclat de Mode, propone por vez primera una “gama reciclaje” (collares, pulseras y pendientes hechos con embalajes metálicos), realizados por artesanos de Madagascar según las normas del comercio justo.

Según Allen, el reciclaje tiene ante sí un brillante porvenir. “Estoy seguro de que los diseñadores van a reciclar la moda de las firmas poco caras, como H&M o Pimkie. Sería lógico, puesto que hay un montón de materia prima”, afirma.

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