Diálogo social en El Salvador

Con frecuencia hablamos en El Salvador de imitar los pasos de Irlanda, de Chile, o de igualarnos a Costa Rica. Antes eran los tigres asiáticos el ejemplo. Hoy se menciona más a las naciones europeas o latinoamericanas, más cercanas en cultura y en pensamiento a nosotros.

Sin embargo, cuando se tiene ese discurso se suele olvidar la verdadera trayectoria de esos países. Su desarrollo no sólo ha tenido su base en la inversión en educación y salud y en la apertura de los mercados, sino en un profundo y permanente diálogo social.

Un diálogo social en el que ha participado la sociedad política junto con la sociedad civil, medios de comunicación, sindicatos, universidades e iglesias, así como la empresa privada.

El presidente Saca, al contrario de su predecesor, ha hecho algunos intentos de establecer un diálogo social, todavía tímido, en torno a puntos de importancia en el país como fueron la educación, la seguridad frente a la violencia, y la búsqueda de soluciones de consenso que ayuden a paliar el desmedido alza del costo de la vida debido a problemas derivados del mercado internacional.

Aunque esto es positivo, queda todavía mucho por hacer en este campo, para que podamos decir que vamos a seguir los caminos de los países que últimamente despegaron hacia el desarrollo o se colocaron en el entorno de países de renta media con posibilidades de continuar mejorando ampliamente sus niveles de vida.

En tiempo de elecciones, sin embargo, el diálogo social desaparece. En general ARENA tiende a respaldar única y exclusivamente los intereses de la empresa privada, junto con todo lo que huela a tradición autoritaria y anticomunista, mientras el FMLN tiende a apoyar a la sociedad civil, y especialmente dentro de ésta a los grupos que le son más fieles.

La polarización ideológica de los partidos tiende a arrastrar tanto a la empresa como a la sociedad civil a radicalizaciones en sus posturas y a la enemistad y desconfianza mutua.

Después de las elecciones se comienza un nuevo proceso de suavización de las relaciones, o simplemente se mantiene, como en el caso del ex presidente Flores, una especie de cerrazón despectiva frente a quienes no piensen o se adapten al pensamiento de derecha.

En la campaña electoral actual empiezan a darse signos claros de un endurecimiento radical tanto en algunos sectores de la empresa privada como en el propio partido ARENA.

La afirmación del candidato de la derecha, enorgulleciéndose de haber embarrado las botas bajo las órdenes de un militar hoy retirado, acusado de genocidio y graves violaciones de derechos humanos, no presagia nada bueno.

La parcialización de los medios de comunicación grandes, que le buscan cualquier defecto al candidato de la izquierda, mientras que dejan pasar como si fuera juego inocente el embarramiento de botas mencionado, no abona nada positivo a esa necesidad que se llama diálogo social.

Pronto tendremos la asamblea anual de la empresa privada, llamada ENADE, y más parece que hay preocupación ideológica que verdaderamente empresarial. La gran empresa siempre le exige al gobierno que haga más por los pobres, pero se niega a aportar un poco más en impuestos.

La reforma fiscal en un tema tabú en esos ambientes, cuando en cualquier proceso de diálogo social previo al desarrollo y a la convivencia ciudadana es un punto indispensable de búsqueda de consenso.

Como que las elecciones arrastran de nuevo a posiciones polarizadas a la empresa privada, echando pie atrás en lo poco conseguido en el ámbito del diálogo social.

Algunos medios de comunicación están insistiendo en un pacto de no violencia electoral, y la idea es buena. Pero en general se entiende la no violencia como la no agresión física.

La agresión verbal, el desprecio de las víctimas y los pobres, la protección y apoyo a quienes insultan desde la prepotencia del poder no suelen entrar en estos pactos.

La discusión racional de los problemas suele sustituirse por la emotividad del discurso. Y aunque se predica la

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