Inmigrantes, la herramienta para reconstruir Texas tras Ike

Por Francisco Trujillo.

Galveston.- Para miles de residentes a lo largo de la costa de Texas, el huracán Ike ha significado una catástrofe, pero para otros -como cientos de indocumentados- es una bendición al traer consigo la oportunidad de empleo sin condicionamientos legales.

Ike ha abierto fuentes de trabajo para inmigrantes indocumentados y con papeles en múltiples comunidades de la costa, donde desempeñan distintos oficios, pero principalmente se ocupan en las labores de limpieza y restauración.

En Galveston, por donde Ike ingresó a tierra la madrugada del pasado 13 de septiembre, los inmigrantes constituyen la columna vertebral que sustenta los esfuerzos de reconstrucción de la ciudad, severamente dañada por el fenómeno.

En la isla, que aún permanece desocupada por la mayoría de sus 65 mil residentes, los inmigrantes se ven por doquier, levantando los escombros, recogiendo los árboles caídos, reparando los techos y limpiando pisos y paredes.

“Ike nos trajo trabajo”, dijo Carlota Solís, una inmigrante originaria de Cuernavaca, en el central estado mexicano de Morelos, quien añadió: “para unos fue malo, pero para nosotros ha sido bueno”.

Solís forma parte de una cuadrilla de alrededor de 200 mujeres que todos los días son trasladadas en autobuses desde Houston para trabajar en la limpieza de los edificios del distrito histórico de Galveston.

En esa área, antiguas construcciones estilo victoriano quedaron inundadas por más de dos metros de agua durante varias horas, mientras el huracán desataba su furia sobre la costa, ubicada a unas cuantas cuadras de distancia.

“Tenemos que limpiar el lodo que dejó el mar”, explicó Solís. “Pero ya los otros días nos ha tocado sacar la comida podrida de los refrigeradores y lavar las paredes”, precisó.

“No está bien decirlo, pero yo le agradezco al huracán el tener trabajo”, añadió la inmigrante, quien tenía meses desempleada en Houston, donde en una repostería que tenía a su cargo el aseo “por falta de papeles me corrieron”.

“El trabajo es duro, por eso nos los dan a nosotras, porque nos necesitan”, señaló por su parte Rosa Hortensia Martínez, inmigrante originaria de Matamoros, en el norteño estado mexicano de Tamaulipas.

“Aquí nadie nos preguntó por papeles”, dijo en forma irónica al referirse al proceso de contratación la semana pasada en Houston.

Precisó que le pagan a siete dólares la hora. “Es bajo, pero aquí hay otras compañías que pagan a seis la hora”, señaló Martínez y añadió que el salario podría ser más alto, pero dos tres empresas intermediarias lucran con su trabajo.

“A nosotras nos contrató un agencia de empleo, que a su vez la contrató otra compañía, que es contratada por otra; es una cadena”, explicó.

El también mexicano José Escobedo, de Monterrey, en el estado Nuevo León, está al final de la cadena. Supervisa a las 200 mujeres y hombres que como Solís y Martínez laboran bajo las órdenes de la compañía Blackmon Mooring, especializada en la recuperación de desastres.

Blackmon Mooring ha sido contratada para limpiar 20 edificios del distrito histórico de Galveston, y es una de más de una decena de empresas similares que se encuentran trabajando en la zona.

“Traemos a unas 100 trabajadoras temporales que no son de nuestra compañía y a otras 100 que sí lo son” y “habrá trabajo para rato”, explicó Escobedo, quien ya encabezó cuadrillas de limpieza de edificios tras los huracanes Rita y Wilma.

“Esto así es, desgraciadamente es malo para muchos, pero es bueno para otros”, indicó.

Ike vino a cambiar los planes de muchos de los inmigrantes que en Texas y en otras entidades comenzaban a resentir los efectos de la desaceleración económica y el endurecimiento de medidas migratorias como las redadas.

“El huracán me desvió el rumbo”, dijo Pedro Robles Arriaga, quien aseguró que el fenómeno le sacó la idea de regresar a Guadalajara, en el estado mexicano de Jalisco, en compañía de un primo que lo acompaña desde hace cuatro meses cuando cruzó la fronter

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