El viaje del presidente Antonio Saca a la ONU

En su viaje a Nueva York el presidente Antonio Saca consiguió dos cosas: una, anunciar en primera persona la extensión del TPS para los salvadoreños que viven en Estados Unidos, y la otra, defender la idea de un “capitalismo prudente.

La primera es una “victoria personal” para Saca, políticamente hablando. La medida ha sido aprobada y anunciada conjunamente con el propio Bush, quien dijo estar “encantado”, sin dar muchas explicaciones del por qué.

En todo caso la agencia ICE y otras dependencias federales ya tienen órdenes de llevarla a cabo, así los 240,000 salvadoreños que se estima están con el TPS pueden dormir menos asustados durante los próximos 18 meses, hasta septiembre de 2010. Entonces volverá otra vez la pesadilla.

La segunda, “capitalismo prudente”, es una especie de fingimiento, pues, todos sabemos cómo cabalga el capitalismo en nuestro país: ganar, ganar y ganar.

Me pregunto ¿Qué habrá querido decir exactamente el presidente con eso de prudente? La respuesta quizás la tenga quien escribió su discurso. Yo sospecho que fue el de la pluma fina en el COENA, el hábil Luis Mario Rodríguez.

“Debemos reconstruir conjuntamente un capitalismo prudente donde se financie el desarrollo económico y no la especulación” dijo Saca ante la ONU. Buenas palabras para un mundo asediado por el capitalismo extremista que amenaza con llevarnos a todos al cementerio antes de tiempo.

El problema es que el capitalismo es una cosa tan inmanente e intransmisible, que, aunque se le pongan adjetivos bellos alrededor, siempre será capitalismo.

Es como intentar adjetivar el “pensamiento maquiaveliano”. La filosofía que pregonaba el italiano no puede ser prudente, ni sosegada, ni apasionada, ni radical, es maquiavélica. Punto.

Se puede adjetivar su estado o fuerza, “capitalismo dinamico”, “capitalismo floreciente”, “capitalismo inmaduro”, “capitalismo voraz”, pero no su naturaleza.

Lo que hay detrás de la frase “capitalismo prudente” del presidente Saca, es una aversión a renunciar al sistema que se ha defendido a capa y espada, pero como las cosas ahora pintan realmente horribles, y eso de “dejar que el mercado se ocupe de sus propios ajustes y autoregulaciones” como que se ha esfumado de repente, de ahí que ahora tengamos que defender una nueva versión del libre mercado: “capitalismo prudente”.

Como ya he dicho antes, se puede adjetivar todo lo que queramos, “capitalismo prudente”, “capitalismo social”, “capitalismo sensato” o “capitalismo amable con los niños’, pero, al final, es el mismo término: capitalismo, y por tanto, la misma esencia.

Lo que hay que aceptar es que el sistema tiene sus fallos y que el Estado tiene una responsabilidad obligada para corregir sus imperfecciones, anómalas y sus vicios para el bienestar común de los ciudadanos. Y eso pasa inevitablemente por el temido control estatal.

La calidad y eficiencia de ese control estatal, como dice mi amigo el garrobero, allá en Tierra Blanca, al oriente del país, “eso ya son otros cinco pesos”.

Sin entrar en lo demás, que lo hubo, la intervención de Saca ante el mundo se salda con un buen punto político a su favor, el TPS, y un fingimiento sutil de llamar a las cosas —control estatal a las lacras del capitalismo— por el nombre que no es “capitalismo prudente”.

Fuente: http://[email protected]

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