Funes el memorioso

No hace mucho Mauricio Funes realizó una fugaz visita a Argentina. Aspirante a las próximas elecciones en su patria, El Salvador, se presentará como candidato por el Frente Farabundo Martí en el mes de marzo, y fue recibido por la Presidenta durante su transitorio paso por Buenos Aires.

Otras personalidades lo aguardaban, pero debido al escaso tiempo recién por la noche cumplió el cometido de su entrevista.

Nuestros periódicos trataron escasamente el tema y Página 12 le realizó una nota de título bastante atrevido donde se lo llamó “Funes el desmemoriado” aludiendo a un cuento de Borges y demostrando desde el inicio a una reportera muy mal predispuesta con el colega-candidato.

Si bien se ofreció un espacio, las preguntas, la ironía y el desafortunado encabezamiento denotaron un mal trato que lamentablemente se hará extensivo a millones de salvadoreños que según las encuestas y el entusiasmo popular, pronto lo votarán para transformar a este periodista y luchador social en el Presidente Electo de la República Hermana de El Salvador.

De más está decir que un matutino que pertenece al monopólico grupo Clarín ha intentado intimidarlo tal como acostumbran los medios gráficos de derecha cuando se refieren a Fidel, Chávez, Correa y Ortega, irrespetando no sólo sus investiduras sino también a quienes los eligen y votan por ellos.

Si bien se formularon preguntas sobre hechos que en Argentina resultan altamente sensibles como es la demora que nuestra justicia muestra con los asesinos de la dictadura, o la manera como una porción de nuestro pueblo los enfrentó causando gran admiración, la periodista referida inquirió sobre temas muy urticantes en plena campaña comparando los hechos salvadoreños con situaciones propias de una sociedad que recién después de treinta años se está encargando de resolverlos.

Porque si bien buscamos la unidad en la diversidad como dice Martí, no se puede pedir lo mismo a salvadoreños, peruanos, uruguayos o chilenos porque conformamos realidades disímiles con historias compartidas.

Los medios aprovechan para tratar estos temas indagando más en frustraciones e insatisfacciones todavía resentidas, en vez de ocuparse de futuros y esperanzas.

En El Salvador ha habido un conflicto armado de autenticidad desgarradora que dejó como saldo cerca de ochenta mil muertos, cientos de desaparecidos, impedidos, afectados emocionalmente y millares de exiliados.

Toda una secuela de problemas que intensificó el conflicto de aquella cercana guerra civil surgida de la profunda crisis económica por la que atravesó el país desde los años setenta y que incitó la ira de la población civil llevándola a levantarse en armas en contra de un régimen que oscilaba por la caída del precio del café, los persistentes dolos electorales y el fastidio de la población ante los gobiernos militares, devenidos dictadura.

Cabe hacer memoria: el suceso que más encendió los ánimos durante el estallido fue el cruel asesinato del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero en 1980, quien viendo las injusticias que se cometían con el pueblo, desde su propia jerarquía eclesiástica y sin intervención del Poncio Pilatos-Vaticano decidió optar por los pobres.

El ambiente de violencia política vivida durante la década anterior contribuyó a una guerra civil que duraría doce años, (desde 1980-hasta 1992) definida militarmente por las fuerzas guerrilleras como Guerra Popular Prolongada. Finalizó cuando los combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), formado por cinco agrupaciones de izquierda y el gobierno de derecha de Alfredo Cristiani, de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), firmaron los “Acuerdos de paz” en Chapultepec, México, certificando reformas políticas y militares que no ahondaron en el problema social y económico.

Si bien estos aspectos fueron nafta sobre el fuego para la guerra, la contienda la manipularon y costearon los conocidos psicópatas de siempre, en especial USA,

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