El día que escracharon a Rockefeller

En la madrugada del 9 de julio de 1938, un acuerdo secreto para que Bolivia y por su intermedio, la Standard Oil Company, preservaran la zona petrolífera del Chaco, fue firmado en Buenos Aires.

El territorio había sido arrebatado por el Paraguay en la guerra que enfrentó a paraguayos y bolivianos entre 1932 y 1935, una matanza inspirada y sufragada por los intereses de la empresa de Rockefeller, según lo denunciara el senador Huey Long en el Congreso de Washington.

El documento secreto se salvó para la historia porque el secretario de la embajada norteamericana en Buenos Aires, Allen Haden, envió una copia a sus superiores del Departamento de Estado. Años después, el historiador Leslie Rout lo publicó en su Tesis presentada en la Universidad de Michigan, y la obra terminó editada en Texas.

De esta manera los paraguayos se enteraron, varias décadas después de los hechos, que los pozos petrolíferos que habían arrebatado a su ocasional enemigo en una guerra a un alto costo de sangre y muerte, había quedado finalmente en manos de la misma empresa que pagara con créditos la movilización bélica boliviana.

Una grata visita de rockefeller al Paraguay
El 19 de junio de 1969 era recibido por el canciller Sapena Pastor el gobernador de New York Nelson Rockefeller. Al día siguiente, en compañía del embajador norteamericano Benigno Hernández, visitó al dictador Stroessner en el Palacio de López para evaluar el estado de las relaciones bilaterales.

De la entrevista brotaron negaciones transnacionales de gran magnitud.

Quedó conformado poco después el vínculo corporativo entre el Chase Manhattan Bank-Exxon con sus firmas vinculadas por un lado y Repsa-Refco-Navipar con el Banco de Asunción por el otro, gigantesco pulpo cuya principalísima actividad radicó en el desvío y transferencia de dinero malhabido al exterior.

Por esos vasos comunicantes pasaron sobrefacturaciones y comisiones derivadas del esquema del petróleo (compra, transporte, seguro, almacenamiento, refinación, distribución y anexos), parte de las enormes ganancias secretas de rubos como la construcción y equipamento de la hidroeléctrica de Itaipú, así como comisiones por los préstamos contratados por el gobierno de Paraguay con gobiernos y organismos multilaterales de crédito.

Luego de incubar tales negociados con el dictador sudamericano, Rockefeller se despidió con una conferencia de prensa donde prodigó encendidos elogios a la labor de su amigo y socio: “El presidente Stroessner hizo más por el Paraguay de lo que se hizo en 50 años” sentenció.

Escrache a Rockefeller
Ya en el día de su llegada, Rockefeller había sido repudiado por medio centenar de jóvenes apostados en una calle por donde pasó la caravana visitante.

Posteriormente realizaron una tribuna libre en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica, lugar donde quemaron una bandera norteamericana.

Frente al Panteón de los Héroes en la mañana del sábado 21 de junio se produjo otra concentración estudiantil, que acabó en un brutal apaleamiento. Varios dirigentes estudiantiles fueron apresados y procesados como subversivos.

Se llegaron a tomar iglesias y pararon las clases buscando la libertad de los detenidos, entre quienes se contaban Guido Rodríguez Alcalá, Juan Félix Bogado Gondra, Alfredo Carrillo Iramain, Alberto Friedman, Miguel Angel Almada, Jorge Lara Castro, Carlos Vivieres, Ticio Escobar.

El principal detonante de aquellas protestas había sido la conciencia histórica del estamento estudiantil, que tomó como un agravio a la memoria de los treinta mil paraguayos muertos en la guerra del Chaco la designación de un Rockefeller como emisario personal del presidente de los Estados Unidos.

La designación era inoportuna, considerando que todavía vivían muchos paraguayos que participaron de la guerra del Chaco que en la década de 1930 enfrentó a los ejércitos de Bolivia y Paraguay por la posesión del subsuelo de dicha región, entonces disputado por la Shell y la Standard Oil Company, q

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