El sueño posible: una vicepresidencia para la diáspora

Era el verano de 1969, cuando un joven campesino latinoamericano logró por tercera vez ingresar a este país, convencido de que este era el lugar adonde encontraría el éxito de su destino, y así perseguiría con valentía y sin remordimientos su propósito inalienable de conquistar sus sueños.

La travesía de su vida por vencer la adversidad que heredó al nacer y los retos de la vida, que sin esperar, lo asediaron desde sus primeros años, convierten su historia en una fuente de inspiración que resalta las extraordinarias riquezas que identifican los valores humanos de los inmigrantes honestos en este país.

La muerte de su padre a sus diez años de edad, y la extrema pobreza que imposibilitaba nutrir bien a todos sus hermanos, generó que este invaluable niño, una mañana amarrara bien sus caites [sandalias] de suela de llanta, se ajustara un machete tan alto como él a su cintura y saliera arrastrándolo por un camino incierto en busca de su destino.

Ese fantástico camino iniciaría en los cafetales de la sierra salvadoreña adonde por medio del trabajo arduo, aprendería el valor de la disciplina, la responsabilidad y el respeto, lo cual, lo convertiría en el hombre exitoso y carismático que es hoy.

Se trata del filantrópico millonario José Ramón Barahona, quien en el libro titulado: “El Sueño Posible”, narra testimonialmente la historia de su vida. Una vida que hasta el día de hoy continua haciendo historia e inspirando a millones de personas que como él, trabajamos empeñados en conquistar nuestros propios sueños.

Escuchar su nombre es para muchos sinónimo de éxito económico, debido a sus inversiones en diferentes partes del mundo —siendo la mas conocida la cadena de restaurantes de comida rápida Pollo Campero —, pero más allá de la importancia de sus logros materiales, existe la trascendencia de un hombre comprometido con su país, quien a través de los años, ha mantenido su corazón ligado a su identidad de raíces campesinas, lo que lo ha llevado a mantener un cercano contacto con su gente, con su pueblo, por lo que logra generar una admiración y respeto genuino en amplios sectores representativos de la diáspora y de los hermanos en las fronteras patrias.

Este pueblo que lo reconoce como uno de sus mejores hijos, lo identifica además, como un valioso representante de sus intereses, por lo que han surgido iniciativas en diferentes ciudades de la nación por militantes de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), actual partido en el poder en El Salvador, para que sea nominado como candidato a la Vicepresidencia, en las próximas elecciones presidenciales de marzo.

Esta petición sin duda es relevante a las aspiraciones de incidencia política de la diáspora, y goza de la simpatía de sectores organizados independientes quienes, tradicionalmente han sido acérrimos críticos a las denigrantes políticas públicas del partido ARENA, pero que ven en José Barahona a la persona capaz de influenciar cambio en un partido que actualmente promueve la reforma interna orgánica.

El doble discurso que se mantiene entre el candidato y la dirigencia del partido opositor FMLN, es razón suficiente para descartarlos como el mejor camino para el país, a claras luces se interpreta que el candidato es solo un medio político para que los lideres históricos del FMLN transformen el país en una célula latinoamericana de Venezuela.
El mismo secretario general del FMLN dijo esta semana que el discurso bonito de Mauricio Funes es una “obligación de estrategia electoral”.

Si ARENA realmente desea reinventarse y abrir sus puertas al cambio político, esta es su oportunidad de hacerlo.

José Barahona no podrá satisfacer el perfil intelectual y sofisticado que sectores académicos y profesionales en el país exigen para el candidato a la vicepresidencia por ARENA, pero el país, ya ha tenido muchos intelectuales, quienes sofisticadamente han robado y oprimido al pueblo, pero sobretodo secuestrado al estado, los ministerios públic

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