.Concluye restauración de cetros hallados en el Nevado de Toluca.

México, 1 Oct (Notimex).- Especialistas en arqueología
subacuática del INAH concluyeron la restauración y consolidación de
un total de 16 cetros prehispánicos de madera, denominados
rayo-serpiente o xiuhcoatl, así como puntas y pencas de maguey, entre
otros elementos, hallados en 2007, en la Laguna de La Luna del Nevado
de Toluca.

Después de un año cuatro meses, la Coordinación Nacional
Conservación del Patrimonio Cultural del INAH concluyó la
intervención de dichas piezas, que representaban la ofrenda principal
que resguardaban las lagunas de El Sol y La Luna desde la época
prehispánica.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de
Antropología e Historia (INAH), imágenes de los códices Matritence,
Borbónico y Durán evidencian que ese tipo de bastones eran portados
por el dios Tláloc y representaban la fuerza para controlar la
lluvia.

El proceso, con el que además de logró identificar el tipo de
madera con que fueron hechos los bastones, consistió en cuatro
etapas, la primera de ellas relativa al registro gráfico y detallado
de cada una de las piezas, para luego iniciar la consolidación.

La segunda etapa de intervención consistió en el tratamiento de
los bastones para lograr su preservación, mediante un proceso de
lavado y de inmersiones en una solución especial para prevenir el
contagio de hongos, al final de éste fueron puestos en refrigeración
por cinco meses.

Después de ese tiempo, explica un comunicado, comenzó la etapa
de conservación de las piezas que consistió en cubrir las mismas con
una solución conocida como polietilenglicol, la cual tiene la
propiedad de sacar el agua de la madera y con ello evitar una pérdida
de volumen.

Además, por las características de este líquido también fue
posible corregir algunas torsiones de la madera y lograr que los
cetros quedaran rectos.

En la última etapa se realizaron los trabajos de restauración,
mediante una resina llamada quitina, que tiene la virtud de proteger
y consolidar la madera seca, además de devolverle resistencia y
dureza.

Algunos estaban fragmentados, por lo que fue necesario realizar
una reintegración de los mismos, cuyos pedazos fueron unidos con una
cola orgánica que no altera la consolidación de la madera.

Los cetros fechados para el Posclásico Tardío
(1200/1300-1521d.C.), tienen forma de rayo o víbora y miden entre
1.20 metros y 12.5 centímetros; según los análisis biológicos, 14 de
ellos fueron hechas de pino, mientras los dos restantes se trabajaron
con madera de encino.

Las puntas y pencas de maguey sirvieron para realizar
autosacrificios, pues se insertaban púas de maguey en el lóbulo de la
oreja y en la lengua para sangrarse en ofrenda a Tláloc.

Este ritual se realizaba con la idea de que trajera buen
temporal de lluvias y después de esta práctica, las espinas eran
ofrendadas, a este acto se le conocía como neutzmanaliztli.

Estos materiales también fueron sometidos a consolidación y
restauración para evitar su pérdida. “En este caso el proceso fue
relativamente sencillo, se lavaron con agua destilada y agua alcohol
para matar a los microorganismos nocivos, posteriormente se secaron y
se consolidaron con quitina, finalmente se dejaron secar al aire
libre”, señaló Mainou.

Los arqueólogos rescataron también diversos objetos
prehispánicos, como turquesas, cuentas cilíndricas de jadeita,
petatillos, navajillas de obsidiana y copal, que también son
sometidos a diversos procesos de restauración.

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