Nada quedó a los García del sueño americano

Por Manuel Ocaño.

San Diego.- Una familia mexicana en California, que pasó de la bonanza a la incertidumbre, deberá decidir esta semana si debe regresar a su lugar de origen, antes que la crisis financiera convierta su búsqueda del sueño americano en pesadilla.

Los García llegaron al condado de San Diego hace cinco años, en 2003 en un periodo de auge; ahora el jefe de familia, Antonio, intenta evadir las consecuencias de tener que declararse en quiebra personal en Estados Unidos.

“En Tijuana (México), todavía tenemos un terreno. Yo tengo mi troca (camioneta) para cruzar (a California) a trabajar. Todavía la podemos hacer, pero sabemos que va a ser una situación muy difícil”. dijo Antonio García, en entrevista con Notimex.

Hace unos años, los García eran una familia que entonces pudo adquirir su casa propia en una nueva zona habitacional cercana a la frontera, había trabajo, era una etapa próspera.

Antonio, trabajador de la construcción experto en labrado y colocación de cantera y adornos de empedrados, narró que en 2001 tenía tanto trabajo en California que decidió independizarse de un contratista (intermediario) que era el quien le daba empleo.

“El contratista me pagaba digamos unos 15 dólares la hora. Me fui dando cuenta de que mi trabajo era muy solicitado y que el contratista se rayaba (se llevaba muy buena comisión) con mi jale (trabajo), así que decidí probar por mi cuenta”, dijo.

Durante la construcción de una sección habitacional propuso a la empresa constructora que lo empleara de manera independiente al contratista y que haría el trabajo que requería en menos tiempo y más barato.

“Aceptaron más que rápido. Yo fui y renté maquinaria para cortar la cantera y para mármol. Pues no me van dando el trabajo de hacer lo del mármol también?. De aquí soy, me dije. Antes de los cuatro meses ya había comprado mi propia maquinaria y herramienta”, contó.

En 2003, un agente de bienes raíces le dijo que podría comprar su propia casa con poco dinero o nada para el enganche. “Cuándo te sale una oportunidad de esas”, cuestionó García.

Ese verano firmó el contrato hipotecario. Al tener permiso del gobierno de Estados Unidos para residir en el país y antecedentes crediticios, fue muy fácil conseguir dos préstamos de hipoteca, uno para el enganche y otro para la vivienda en sí, pagaderos a 30 años.

Unos meses después y con una creciente demanda por su trabajo, Antonio decidió adquirir también un vehículo tipo pick up, seminuevo de ocho cilindros con capacidad para media tonelada de carga.

Quizás, 2004 fue el año de mayor estabilidad para la familia García.

A partir de 2005 las circunstancias comenzaron a cambiar. El pago mensual por la casa pasó de unos mil 700 dólares a casi tres mil dólares a finales de 2005. Al mismo tiempo y por esos meses Antonio empezó a notar una baja en la demanda por su trabajo.

“Por mediados del 2006 comenzamos a tener ya muchos problemas. Pensábamos que a la mejor si yo abarataba mi trabajo nos podíamos recuperar, pero lo que pasó es que comenzaron a haber menos jales (contratos) en San Diego”, platicó el mexicano.

Entre estirar ahorros y tener ingresos por el trabajo, la familia pudo continuar hasta 2007, pero para entonces Antonio se anunciaba en publicaciones y esperaba como jornalero cerca de una ferretería a que le ofrecieran empleo temporal.

Un banco conocido que por ahora permanece fuera del impacto de la crisis financiera hipotecó la casa de los García. “Toda esa inversión, todo lo que le habíamos metido a la casa, se fue con la propia casa”, lamentó Antonio.

El obrero contrató un asesor, pidió auxilio a otros bancos, se acercó al gobierno en busca de asistencia para evadir la pérdida de su propiedad, pero fue imposible rescatarla. La familia se mudó a un departamento.

A finales de 2007, Antonio estaba indeciso entre vender la herramienta y maquinaria o el vehículo pick up. Se fueron primero las herramientas, “pensé que al fin y al cabo podría rentar ese equipo cuando me sal

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