Delicadeza de Céline y chic playero de Léonard marcan desfiles parisinos

PARIS (AFP) – La diseñadora croata Ivana Omazic se despidió el jueves de la casa de modas Céline con una última colección de prêt-à-porter de una gracia aérea para la primavera-verano 2009, que la marca Léonard llenará por su parte de estilo chic playero.

Tras tres años de trabajo y antes de pasar el relevo a la creadora británica Phoebe Philo, Omazic firmó una colección inspirada libremente en “las tribus, sus vestidos y sus ornamentos”, según un texto difundido entre los asistentes al desfile.

Vestidos de punto blanco con cinturas marcadas por cintas negras, vestidos-camisa blancos con grandes pinceladas negras, ocres y violetas, faldas de velos arrugados y pintadas a mano componen un vestuario en el que se respira delicadeza y suavidad.

La nota “tribal” la pusieron grandes collares al estilo de los de la tribu de los Masai. La piel de pitón se dejó ver en abrigos y cazadoras con cremalleras de mangas abullonadas.

Incluso los chaquetones, en organza, son aéreos. Además del negro y el blanco, las prendas se decantan por los azules, los grises, el rojo rubí, el violeta y el amarillo fuerte.

Una Omazic que subió a la pasarela vestida totalmente de negro logró con su colección unos encendidos aplausos del público al final del desfile.

Por su parte, la diseñadora belga Veronique Leroy se esforzó por dar a los tradicionales estampados de la casa de modas Léonard un nuevo dinamismo, con flores fucsias y amarillas sobre un fondo geométrico blanco y rojo, y otras sobre fondos blancos o marinos, en una alianza de azules puntuados de blanco.

Léonard propuso así un verano de largos vestidos con diseños de trampantojo, pantalones bombachos y “faldas pañuelo” enrolladas alrededor de las piernas.

Largos flecos hasta el suelo, capuchas en mini-vestidos o pantalones cortos añaden un toque de desenvoltura a este vestuario ideal para pasar un verano elegante y chic al borde del mar.

En esas noches de verano, las muselinas irisadas y el lamé en amarillo o violeta otorgan al vestuario de Léonard un brillo aún más especial.

En cuanto a Guy Laroche, el diseñador franco-sueco Marcel Marongiu propuso en su segunda colección para esta casa de modas, trajes de falda y pantalón muy estructurados.

En su afán por dar un nuevo impulso y sello a la marca, Marongiu presentó trajes de espaldas netamente marcadas, con pliegues que resaltan la cintura fina y con blusas de mangas ahuecadas. Los vestidos son en muselina, con estampados de cocodrilo.

“Quería algo extremadamente arquitectónico, muy construido, con muchos tejidos bonitos y aspectos nuevos que dan volumen”, explicó a la prensa.

Por eso, utilizó “muchos pliegues y drapeados, para dar dimensión”, para que no hubiera “nada plano”, agregó al precisar que ese aspecto estructurado lo contrarrestó “con algo extremadamente impreciso, aéreo, casi vulnerable y frágil”.

De ahí los estampados de cocodrilo, para contrarrestar con “su toque natural y de regreso a las fuentes” el espíritu ciudadano del resto de la colección, dominada por los tonos neutros –excepto dos piezas en fucsia– y pensada para “seducir y divertirse sobre todo”, como subrayó Marongiu.

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