Las prácticas del circo son milenarias: Julio Revolledo.

México, 2 Oct (Notimex).- Las prácticas del circo son milenarias
y la tradición circense, como la conocemos hoy llegó aproximadamente
hace 200 años de Inglaterra y algunos de los actos que se practican
en muchos de los espectáculos en el mundo, tienen su origen en la
época prehispánica, en rituales como el xocuahpatollin, los
matlanchines, y los Voladores de Papantla.

Así lo manifestó Julio Revolledo, director de la licenciatura en
Artes Circenses, de la Universidad Mesoamericana de Puebla, en su
ponencia “La evolución del arte circense en México”, presentada en el
Museo Nacional de Antropología.

El investigador comentó que las artes acrobáticas vienen de la
mano con la evolución del ser humano; todas las culturas madre como
la egipcia, griega, romana y los antiguos mexicanos desarrollaron
este tipo de suertes, a partir de la necesidad primaria de los
hombres y mujeres por contorsionar su cuerpo, jugar objetos con
destreza y construir pirámides humanas.

“Es el arte de maravillar, asombrar y sorprender; entre más
angustia provoquen los actos, mayores resultados tendrá el
espectáculo; es la lucha del ser humano consigo mismo, para
demostrarse que puede trascender los supuestos límites de su
condición natural”, agregó el especialista.

El xocuahpatollin, actualmente conocido como antipodismo, es una
práctica que consiste en hacer malabares con las plantas de los pies.

Mientras que los llamados matlanchines, acróbatas que desafiaban
las leyes de la naturaleza, fueron algunas de las antiguas costumbres
perseguidas y castigadas por los españoles, al considerarlas paganas
y diabólicas.

Esta manifestación ritual de malabarismo con los pies, cuya
imagen se puede apreciar en el Códice Florentino Sahagún-Troncoso, es
considerada como el gran aporte mexicano a la tradición circense del
mundo.

Destaca también el ritual de los Voladores de Papantla, llamado
teocuahpatlanque, con sus variantes en diferentes regiones del país,
como otro de los legados prehispánicos.

Dichas prácticas prehispánicas llegaron a tierras europeas y
asiáticas gracias a que Hernán Cortés las llevó como tesoros al
emperador Carlos V y al Papa Clemente VII, a pesar de la censura
española.

Por lo anterior, estos acróbatas, con el paso del tiempo se
incorporaron a varios grupos que se dedicaban a realizar diversos
actos circenses, originados de otras partes del mundo.

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“La primera escuela de artes circenses surgió en el año 500 en
el Viejo Continente, y a pesar de nuestra milenaria tradición
acrobática, fue hasta el pasado 1 de septiembre de 2008 cuando se
fundó la primera licenciatura en nuestro país enfocada a estas
disciplinas”, dijo Revolledo.

La concepción actual del circo con pistas circulares bajo una
carpa, cumple dos siglos de antigüedad en México este año; fue en
1808 cuando llegó el inglés Philip Lailson, considerado el padre de
esta disciplina en el país, con su espectáculo llamado el Real Circo
de Equitación.

Dicho espectáculo estaba conformado, en su mayoría, por
acróbatas italianos, franceses, ingleses y españoles, especializados
en suertes de acrobacia, equilibrio, fuerza y prestidigitación.

En 1841 surgió el Circo Olímpico, de José Soledad Aycardo,
primer empresario circense mexicano, quien conjugó en su carpa actos
ecuestres, titiriteros, acróbatas y payaso versificador.

A lo largo del siglo XIX, una gran cantidad de circos
provenientes de todas partes del mundo visitaron territorio nacional
para ofrecer múltiples funciones de su repertorio.

El Rivers, Runnels & Franklin, de Estados Unidos; la Compañía
Schumann, de Dinamarca; el Carl Hagenbeck, de Alemania; y el
Pubillones, de Cuba, han sido algunos de los circos que visitaron el
país con un gran número de actos y, sobre todo, con propuestas
distintas cada uno de ellos.

La Familia Atayde, que surgió en 1878, es la que posee la mayor
tradición circense en México, recorriendo gran parte

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