Califica el Papa al extremismo de "serio peligro" para la paz

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI calificó el jueves al extremismo, el fundamentalismo y la violencia como “fenómenos preocupantes” que ponen en “serio peligro” la seguridad y la paz globales.

Al recibir en audiencia a un grupo de religiosos de Asia Central en el Palacio Apostólico del Vaticano, el pontífice advirtió que esas “plagas” se difunden en todo el mundo.

Consideró necesario combatir dichos flagelos con intervenciones legislativas pero, señaló, “jamás la fuerza del derecho debe transformarse ella misma en injusticia”.

Según el obispo de Roma las leyes “antifundamentalistas” no deben ser usadas como excusa para limitar el libre ejercicio de las religiones porque profesar la propia fe es uno de los derechos fundamentales universalmente reconocidos.

“Me parece además útil sostener que la Iglesia no impone, sino que propone libremente la fe católica, sabiendo bien que la conversión es el fruto misterioso del Espíritu Santo. La fe es don y obra de Dios”, ponderó.

Agregó que “justamente por ello está prohibida toda forma de proselitismo que obligue, induzca o atraiga a cualquiera con inoportunas manipulaciones a abrazar la fe”.

A los eclesiásticos de Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Kazajstán (todas ellas ex repúblicas soviéticas) les recordó las condiciones de un cambio de religión.

Una persona “puede abrirse a la fe” después de una “madura y responsable” reflexión y debe poder realizar libremente esta íntima inspiración, afirmó.

Benedicto XVI se refirió así indirectamente a uno de los conflictos ecuménicos más importantes de los últimos años: la acusación de la Iglesia Ortodoxa Rusa al Vaticano de conducir una campaña de proselitismo entre los fieles ortodoxos.

Guiada por Alejo II, esa confesión cristiana está separada de Roma desde el gran cisma de Oriente y Occidente del año 1054 después de Cristo; en los últimos años el Estado Pontificio ha mantenido acercamiento con ella.

La idea, en su momento de Juan Pablo II y actualmente de Benedicto XVI, es lograr que todas las iglesias ortodoxas (representan a más de 200 millones de fieles en todo el mundo) vuelvan a la Iglesia Católica.

Esto implicaría un acuerdo tácito a la Iglesia Católica de evitar todo tipo de proselitismo que provoque fracturas con sus “primos hermanos”, los ortodoxos.

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