Un alto dirigente de ARENA tira la toalla

El muchacho tenía, quiero decir, tiene madera para dedicarse a los oficios de la vida pública, pero ha decidido tirar la toalla para dedicarse a otros menesteres.

Participó en aquellas primarias, democráticamente “chafadas”, y deslumbró con una dialéctica concisa, clara, y directa a favor de la institucionalidad, la concertación nacional, el diálogo, el debate, en definitiva, la defensa de las ideas por encima del discurso puramente ideológico y partidista.

Antes de ser puesto en el cargo de secretario para Asuntos Jurídicos y Legislativos de la Presidencia de la República, su mentor y palanca económica, Ricardo Simán, lo había enviado, con gastos pagados, a estudiar Ciencias Políticas y Administración Pública en una de las mejores universidades catalanas, la Universidad Autónoma de Barcelona, allá en la costa mediterránea en España.

Se saltó olímpicamente las barreras naturales que impiden el avance socio-económico de las clases humildes y dominó todos los espacios y retos académicos hasta convertirse en el profesional que le valió el puesto para trabajar al lado del hombre más poderoso del país, el presidente de la república, Elías Antonio Saca.

Cuando acudieron a él para rellenar un hueco, no escatimó, por lo menos no lo hizo en público, y se lanzó al agua de picada a nadar en unas corrientes amañadas que su partido bautizó como “primarias” o “proceso democrático de selección del candidato a la Presidencia por el partido ARENA”.

Su andadura como precandidato presidencial llegó hasta donde estaba permitido: hasta la fase final. Ahí se topó con el muro del diseño y calló derrotado en un atrasadísimo segundo puesto con solo 322 votos a favor, frente a los 1,735 de Rodrigo Ávila, quien, iba paradójicamente, el último en las encuestas.

La tercera candidata en el proceso, la buena dama del capital, Ana Vilma de Escobar, solo consiguió un escasísimo puñado de no más de 36 votos —una verdadera miseria— cuando se codeaba junto al joven jurista de casa presidencial el primer puesto, en aquel momento, en las intenciones del voto arenero.

De los finalistas perdedores, Luis Mario, fue el que más defendió la transparencia del proceso en el que había participado. Eso le daría el pasaporte al cargo de director ejecutivo en el poderoso COENA dentro del partido, y dejar atrás el puesto ya inaccesible como Secretario para Asuntos Jurídicos en la casa del hombre fuerte de la república.

Por cuestiones de envidia, diferencias de criterio, resistencia de la vieja dirigencia o sencillamente por ser un tipo que tiene su propia fábrica de pensamientos —Dios sabrá— solo permanecería en ese puesto escasamente unos seis meses.

Luis Mario Rodríguez vuelve a la vida privada del bufete legal de abogados que fundó hace unos años con sus amigos, después de anunciar una inesperada renuncia como director ejecutivo del COENA el 1 de octubre de 2008, ya metidos en las inmediaciones de la campaña “oficial” que viene sonando como una disco-móvil caótica dando bandados de un lado a otro en este show electorero que, de hecho, arrancó en algún momento de la década de los 90s cuando se enterró el espíritu de los Acuerdos de Paz, y se entró en la era de la partidización institucional total.

Nadie sabe las razones reales de su cese o de su renuncia y conociendo la lealtad de este muchacho no será él quien filtre a la prensa las presiones reales que lo llevaron a su dimisión.

Sin embargo, viendo el hombre que lo ha relevado en el puesto, el Sr. Eduardo Barrientos, fundador del partido y marcado miembro de la vieja guardia, uno podría especular con aquella frase diplomática que suelen usar los buenos jefes en las grandes corporaciones cuando echan a alguien de patitas a la calle “aquí ya no tenía mucho futuro, lo dejamos irse con dignidad”.

Fuente: [email protected]

You must be logged in to post a comment Login