Verano 2009 con pícaras minifaldas de Vuitton y volúmenes marcados de Lanvin

PARIS (AFP) – Una mujer impertinente en minifaldas pícaras tomó posesión el domingo de las pasarelas parisinas con la colección de Marc Jacobs para la casa Louis Vuitton, mientras Alber Elbaz propuso para la marca Lanvin volúmenes drapeados en prendas de perfecta elegancia.

Jacobs y Elbaz presentaron sus colecciones de prêt-à-porter para la primavera-verano de 2009 en el último día de los desfiles de la semana de la moda de la capital francesa.

La mujer de Vuitton exhibe microfaldas que despiden brillo con sus incrustaciones de lamé o bronce.

Acicalada con grandes joyas, balanceando su bolso, camina alegremente, fingiendo ignorar que una pequeña “ventana” de encaje negro atrae inexorablemente las miradas de quienes la cruzan, con una visión furtiva de la parte superior de sus piernas o de la ropa interior negra con puntos blancos.

Esa mujer sigue su camino en chaquetas cortas, con cinturas marcadas por anchos cinturones irisados o fabricados en una mezcla de materias y colores. Los vestidos también son cortos, sobrios, en negro, con dobladillos bordados de azabaches o relumbrantes de matices dorados.

Los pantalones, de lunares y con un cordón de pasamanería alrededor de la cintura, tienen la flexibilidad de elegantes pijamas.

Al final del desfile, Marc Jacobs hizo referencia a la mezcla de culturas, el amor por la vida y el exotismo.

“Los franceses, los parisinos, adoptan siempre las culturas extranjeras”, explicó el creador estadounidense al admitir que las faldas de su colección son “cercanas a la nada”.

Jacobs levantó grandes aplausos con su colección. “Estoy muy contento, sencillamente quiero irme a la cama”, aseguró riendo.

Por su parte, Alber Elbaz diseñó para Lanvin siluetas tranquilas, con volúmenes drapeados que ahuecan los hombros.

Las blusas son amplias, con hombros que toman volumen. Las cremalleras corren por la espalda y los lados de cortos vestidos, en forma bien visible.

El creador juega con las asimetrías, dejando al descubierto un solo hombro o dotando al mismo vestido de una manga corta y otra larga. Los zapatos de tacón alto, a modo de joyas, aportan una nota de glamour a un vestuario perfecto para los cócteles de la capital francesa.

Asimismo, el ruso Igor Chapurin imaginó una mujer de encanto marcial, en chaquetas de hombros ahuecados y de mangas articuladas con armaduras, en trajes de chaqueta de cinturas de avispa y monos militares.

En un texto entregado a los invitados, Chapurin explica que sus prendas se inspiran en la Edad Media rusa. Con prendas cortas, sandalias altas y calcetines transparente, la mujer de Chapurin desfiló por la pasarela “como se hace en un desfile militar”, explicó el creador.

En su primera colección en París, la marca taiwanesa Shiatzy Chen propuso un vestuario refinado, con vestidos delicadamente bordados y aplicaciones de mosaico de porcelana en hombros y cuello. Los volúmenes se amplían en la espalda y los cuellos “mao”, las flores de loto y las sedas recuerdan a China.

Shiatzy Chen -que se define como “un cruce entre Oriente y Occidente- fue creada hace 30 años en Taipei y cuenta con 50 puntos de venta en Taiwán, China y París. Tiene intención de presentar sus colecciones a partir de ahora en la capital francesa.

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