Niños rurales uruguayos incorporan a sus vidas las laptops del Plan Ceibal

RINCÓN DE VIGNOLI, Uruguay (AFP) – Los teros se alborotan cuando los niños se arriman al nido para fotografiar los huevitos con sus laptops XO, en el jardín de la escuela rural 106 de Rincón de Vignoli, unos 75 km al norte de Montevideo, rodeada de campos sembrados y ganado.

Cada uno de los 17 alumnos de la escuela cuenta con una laptop distribuida por el gobierno en el marco del Plan Ceibal (Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea), que prevé dotar con una computadora a todos los alumnos del sistema público para 2010.

El plan es la versión local del programa “Una computadora por niño” (One Laptop Per Child, OLPC) fundado por Nicholas Negroponte en 2005 y que busca dar acceso a la informática a los niños pobres de todo el mundo.

La escuela es pequeña y muy prolija, con un jardín cuidado y una huerta que plantan los niños, los mismos que ahora dominan y disfrutan sus laptops como si fueran un juguete.

“Las dominan completamente. Sacan fotos, filman, graban sonido, producen texto, investigan, buscan información”, dice la maestra Ana María Pérez. “Es una gran herramienta” para la educación de los chicos, agrega.

“Aquel niño que le cuesta escribir con lápiz, con la laptop mejora su redacción, y también su autoestima”, agrega Pérez, para quien el Plan Ceibal “es una forma de que el niño rural esté motivado, tan incentivado como el niño urbano y por fin, el niño rural tenga las mismas oportunidades”.

El único salón de clase es amplio y luminoso; allí, como es de estilo en las escuelas rurales del país, todos los alumnos realizan trabajos de acuerdo a su nivel.

Ahora están dedicados a la salud cardiovascular, en el marco de un programa nacional para promover hábitos saludables. Encienden sus laptops para buscar información en internet.

Pero muchas veces les cuesta conectarse, un problema que el Estado trata de solucionar colocando más antenas para que la señal llegue a todos los rincones del país.

Natalia Larrañaga, de 8 años, con una larga cola de caballo rubia y unas gafas que agrandan sus ojos castaños, exhibe satisfecha su destreza. A una velocidad vertiginosa, muestra los programas y juegos que tiene la laptop, que atesora tanto o más que a su muñeca preferida.

“Juego mucho con la computadora, pero también me gusta jugar afuera”, dice esta niña que, como todos, tras el horario escolar lleva la laptop a su casa, donde su madre, que es ama de casa, y su padre, empleado en un tambo, también la aprenden a usar.

Así, los padres de estos niños, en ocasiones con escasos estudios formales, se suman a la revolución tecnológica desde los rincones más recónditos de este país de 3,3 millones de habitantes, con una densidad de 14 pobladores por km2, y donde la mayor parte de la población se concentra en las zonas urbanas.

Es el caso de Ariel Mas, trabajador rural que lee el diario en las laptops que recibieron sus hijos Jonatan y Nicolás, de 9 y 7 años.

A unos 8 km de distancia de la escuela 106, está la escuela rural 55, a la que asisten 29 alumnos.

“Fuimos a la cañada, arrancamos hojas de los árboles, las fotografiamos (con las laptops). También filmamos y fotografiamos el caudal del río”, cuenta Julián, con unos chispeantes ojos celestes enmarcados por una cara poblada de pecas.

“Hicieron observaciones, una investigación científica” sobre la flora y el río, dice la maestra Carina Carrión, a cargo del centro de enseñanza.

Las aplicaciones son múltiples. Por ejemplo, la escuela cuenta con un invernáculo donde plantan acelgas, lechugas, habas, zanahorias, papas, berenjenas, tomates y hierbas aromáticas.

Con sus laptops, los niños fotografían las distintas formas de siembra, las etapas de crecimiento de los cultivos, la forma de cosecharlos, sus propiedades y sus formas de reproducción. Una auténtica lección de biología.

El presidente Tabaré Vázquez, impulsor del Plan Ceibal, entregó a mediados de agosto l

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