Prioridades de la nación salvadoreña

Sin hacer un análisis demasiado profundo, el cuadro económico funciona más o menos así: las empresas venden productos, los ciudadanos los compran y las empresas ganan dinero.

Con el dinero ganado, las empresas hacen inversiones y crean empleo. Con un empleo, los ciudadanos pueden comprar los productos que venden las empresas. De este modo, el cuadro económico aterriza sobre un circuito que se repite.

En el circuito interviene una compleja mezcla de actores: Estado (leyes), ciudadanos (consumidores), empresas productoras (capital), etc. Estos personajes tienen sus propias problemáticas, pero, en el fondo, todos buscan un fin común: el desarrollo del espacio donde conviven.

El desarrollo, o más concretamente, el progreso socio-económico de las mayorías, no es tarea ligera, sino un reto colectivo que requiere un esfuerzo colosal de todos los actores, especialmente de uno en particular: el Estado.

Como bien dijo un gran político americano del siglo pasado, “Sin alguna forma de Estado, aquí no hay garantías ni derechos para nadie”.

En consecuencia, el Estado es el responsable último de proporcionar el marco socio-económico, el espacio global de oportunidades o el entarimado nacional en el que los individuos pueden buscar su prosperidad particular.

Un Estado en el que sólo avanzan las minorías, las elites, o reducidos círculos de poder, es, a la larga, un Estado destinado al fracaso. El avance de la minoría por encima de la gran mayoría, al final, resulta mal negocio para todos. El Salvador es un claro ejemplo de ello.

Sólo en seguridad ciudadana, que no es lo mismo que seguridad nacional, el estado salvadoreño, instituciones públicas y privadas, empresas y ciudadanos normales, se gastan entre el 12% y el 15% del PIB.

De ahí que sea absolutamente imprescindible, que los que se dedican al arte de gobernar, establezcan un plan o programa de gobierno en el que se precisen las prioridades nacionales bajo un criterio técnico del bien común, entendiendo éste como el avance socio-económico mesurable en el tiempo de la mayor parte de los ciudadanos.

Las prioridades
En realidad, establecer las prioridades de un país, tan pequeño y heterogéneo como el nuestro, no es una tarea demasiado profunda para el analista o político promedio, basta con echar un vistazo cuidadoso a nuestros problemas cotidianos.

Lo realmente difícil es establecer el orden prioritario, el método de solución, los mecanismos de seguimiento, la medición y monitoreo de los resultados y la especificación del origen de los recursos.

Sin vías de entendimiento o capacidad de diálogo entre los actores relevantes, aunque sea por la mínima, esta tarea se vuelve sencillamente imposible.

A continuación, les proporciono lo que podría ser un cuadro, reducido y sin orden, de las prioridades principales de nuestro país:
Creación de Empleo
Seguridad Ciudadana
Asignación, más efectiva y más eficiente, del origen y el destino de los recursos públicos
Fortalecimiento de las instituciones
Concertación y diálogo nacional
Lucha contra el C.C.N.I. (Crimen, Corrupción, Narcotráfico e Impunidad)

Por supuesto que hay otras grandes dificultades nacionales, pero no pretendo hacer una lista exhaustiva de todos nuestros problemas, sino dar al lector una imagen puntual de prioridades concretas y mesurables en el tiempo para una mejor gestión pública en la búsqueda del bien de las mayorías.

En los programas de gobierno de 2004, tanto de ARENA como del FMLN, hay sendos capítulos que ofrecen soluciones prácticamente a todos nuestros problemas cotidianos.

Es un gran esfuerzo de recopilación de datos y realidades, pero hay un fallo colosal: no hay un plan, un cuadro, un calendario concreto —por lo menos no en los planes que se hicieron público— sobre el origen de los recursos financieros que se necesitan para llevar a cabo la acción en sus programas de gobierno.

Los planes de gobierno de estos partidos para el período 2009-2014 parece que también pad

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