Disidentes chinos y militantes rusos, favoritos para el Nobel de la Paz

OSLO (AFP) – En el año en que se cumple el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, disidentes chinos y militantes rusos se perfilan como favoritos para el premio Nobel de la Paz, que será atribuido el viernes en Oslo.

A título preventivo, las autoridades chinas han advertido este jueves contra la atribución del premio a un disidente.

Pasada la página de los Juegos Olímpicos de Pekín sin que se hayan producido los avances esperados en materia de derechos humanos, las miradas se dirigen precisamente a China.

Los disidentes Gao Zhisheng y Hu Jia, ambos privados de libertad en su país, son serios pretendientes, según el director del Instituto de Investigación sobre la Paz de Oslo (PRIO), dado, con más o menos éxito, a los pronósticos.

Al no haber sido publicada la lista de los 197 candidatos en liza este año, los observadores se limitan a hacer simples conjeturas.

“El comité Nobel se interesa probablemente por China desde hace años, pero es posible que hasta ahora nunca haya encontrado candidatos que se impongan, y puede también que no haya querido interferir en la preparación de los Juegos Olímpicos”, declaró Toennesson, director del PRIO, a la AFP.

Diecinueve años después del premio otorgado al Dalai Lama, un Nobel a Gao Zhisheng, abogado autodidacta actualmente expulsado de la profesión, o a Hu Jia, militante de los derechos humanos, el medio ambiente y las víctimas del sida, podría enrabietar al régimen chino.

El ministerio chino de Relaciones Exteriores ha tildado a Hu Jia de “criminal” este jueves y ha advertido al comité Nobel noruego que se guarde de toda “injerencia”.

Entre los demás disidentes que figuran en las quinielas están Wei Jingsheng y Rebiya Kadeer.

El premio también podría ser para un militante ruso de los derechos humanos, como la abogada Lidia Iusupova, ex responsable de la ONG Memorial en Chechenia, o Svetlana Gannushkina, que lucha por los derechos de los refugiados en Rusia.

Sin embargo, poner en el punto de mira a Rusia o China atribuyéndole el premio a disidentes podría resultar contraproducente, según Niels Butenschoen, investigador en el Centro Noruego de Derechos Humanos de la Universidad de Oslo.

Según Jan Egeland, ex coordinador de los servicios de emergencia de la ONU y actual director del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales, es el momento de poner de relieve los conflictos olvidados de África, como el que devasta la República Democrática del Congo.

“Está bien ampliar el concepto de paz, pero no hay que romper con la definición inicial, es decir con aquellos y aquellas que trabajan para las víctimas de guerra y contra los conflictos armados”, declaró Egeland a la AFP.

La Coalición contra las armas de racimo también podría ser laureada, después de que más de cien países acordaran prohibir las bombas de racimo, funestas para los civiles.

Otros nombres apuntados son los de la ex rehén franco-colombiana de las FARC Ingrid Betancourt, el líder de la oposición zimbabuense Morgan Tsvangirai, el bonzo vietnamita Thich Quang Do, el mediador finlandés de la ONU Martti Ahtisaari, la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), en plena disparada de los precios.

El año pasado, el Nobel de la Paz fue otorgado conjuntamente al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, y al Panel de expertos de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC), por su actividad en la lucha contra el calentamiento del planeta.

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