.En riesgo la representación de “Don Carlos”, de Giuseppe Verdi. Tan destacado personaje, nacido hace 195 años, está consideradocomo el más grande compositor de óperas de todos los tiempos.

México, 9 Oct (Notimex).- Los trabajadores sindicalizados del
teatro la Scala de Milán amenazan con la continuación de sus
movilizaciones huelguísticas, que pone en riesgo la inauguración de
la temporada, prevista, como es tradicional, el 7 de diciembre, con
la representación de la ópera “Don Carlos”, del italiano Giuseppe
Verdi, quien nació el 10 de octubre de 1813.

Considerado el más grande compositor de óperas de todos los
tiempos, por obras como “Nabucco” “Rigoleto”, “La Traviata”, “Un
baile de máscaras”, “Aída” y “Otelo”, entre otras, Verdi, fue un
autodidacta.

Tan destacada figura del bel vio la primera luz en Rocole,
Busseto, no lejos de Parma. Sus padres, quienes tenían una posada que
hacía las veces de establecimiento de bebidas y ultramarinos,
confiaron su educación al cura del pueblo.

Pietro Baistrocchi, titular ejecutante del órgano de la iglesia,
le tomó afecto y le enseñó sus primeras lecciones de solfeo, le
adiestró a tocar el órgano, y lo hizo tan bien, que a los 11 años,
Giuseppe se convirtió a su vez en organista de su lugar de origen.

Según sus biógrafos, su ejecución era tan buena, que el
municipio le otorgó una subvención para que fuera a estudiar al
Conservatorio de Milán, pero lo rechazaron.

Es ahí cuando decidió convertirse en autodidacta, es por ello
que habiendo trabajado hasta el final de sus días en perfeccionar su
técnica, se considera que nunca dejó de progresar.

Luego de avanzar en sus empeños musicales, Verdi se dedicó a
escribir óperas e hizo su debut en teatro en 1839, con “Oberto”, que
obtiene un verdadero éxito en la Scala de Milán. Su siguiente ópera,
“Un día de reinado”, fue un fracaso, pero “Nabucco”, de 1842, le
valió un triunfo tanto musical como político.

El principal personaje en esta ópera es, en efecto, el pueblo
judío en exilio en Babilonia, que canta a su patria perdida en
términos que bien podían convenir a la situación del “milanesado”,
sometido al dominio austriaco.

El coro “va, pensiero sull”ali dorate”, fue cantado muy pronto
en toda Italia y el nombre de Verdi, militante activo de la
independencia Italiana “un músico luciendo un casco”, según la
expresión de Rossini, se convirtió en una especie de símbolo.

Su nombre se grababa sobre los muros de las casas y en los
monumentos públicos, ya que V.E.R.D.I. podía traducirse como:
“Vittorio Emmanuele, rey de Italia”.

El éxito de “Los Lombardos”, en 1843, confirmó el de “Nabucco”;
el año siguiente, en Venecia, el público aplaudía “Hernani”, y en
Milán, Venecia y Roma: “Atila”, “I due foscari” (1844), “Juana de
Arco” (1845) y “Macbeth” (1847); en Londres “I masnadieri”; en París
“Jerusalén” (una nueva versión de “I Lombardi”), y en Trieste, “El
Corsario”.

“Luisa Miller”, en 1849, fue un éxito en Nápoles, y sobre todo
“Rigoletto”, en 1851, en Venecia, que precedieron a “El Trovador”, de
1853, y a “La Traviata”, del mismo año, que aseguraron a Verdi la
fama por toda Europa.

A partir de entonces se sucedieron los éxitos de “Las vísperas
sicilianas”, en 1855, en París; “Simón Boccanegra”, en 1857;
“Aroldo”, en 1857, “Un baile de máscaras”, en 1859, en Italia; “La
fuerza del destino”, en 1862, en San Petersburgo, y “Don Carlo”, en
1867, en París.

Partiendo de la ópera, del bel canto (incluso en “La Traviata”
se encuentra todavía, en la gran aria del primer acto, repeticiones
que, primitivamente, daban lugar a los ornamentos de la cantante),
Verdi no dejó de progresar y de ampliar su estilo, sin aceptar en
absoluto las teorías y la estética que estableció Richard Wagner.

Según los críticos, tomó nota de sus aportaciones en materia de
orquestación, tal como se advierte en “Aída”, de 1871, y más todavía
en “Otello” y en “Falstaff”, los cuales, aparte de su volumen sonoro
y el abandono de la división, en arias y recitativos, no deben nada a
Wagner.

Verdi, al perder a su gran amigo el poeta Manzoni, le compuso un
bello “requiem”, en 1874.

Giussepe Verdi falleció e

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