Cae último bastión de convivencia entre árabes y judíos en Israel

Por Rubén Medina.

Jerusalén.- El último bastión en el que árabes y judíos convivían en Israel, la norteña ciudad de San Juan de Acre, sucumbió a las sensibilidades interreligiosas durante la jornada más sagrada del judaísmo, el Yom Kipur (Día de Expiación).

La jornada del miércoles dejó nuevamente un rastro de temor a enfrentamientos internos más graves o una nueva Intifada palestina.

San Juan de Acre es una de las ciudades más antiguas de la zona y, a pesar de las numerosas conquistas que ha sufrido a lo largo de la historia, desde tiempos inmemoriales fue considerada símbolo de conciliación, diálogo e intercambio cultural y comercial.

“Siempre hemos convivido aquí. Ni siquiera la segunda Intifada consiguió realmente romper la armonía entre musulmanes y judíos, pero ahora, desde el miércoles por la noche, es como si nada de eso hubiera existido”, dijo vía telefónica un comerciante a Notimex.

Ahmed a-Naser, de niño, vivió en la que fue la última conquista de la ciudad, la que les dejó dentro de un Estado, el judío, con el que aprendieron a convivir; incluso cuando vieron que miles de judíos emigrantes comenzaban a sentarse alrededor de su ciudad en los años 50.

Ahora, su negocio de pinturas y ferretería se halla en el centro de las disputas que estallaron la noche del miércoles, cuando el árabe Taufik Yemal, un mecánico de 48 años, uso su vehículo para ir a recoger a su hija a casa de una amiga, pasando por un barrio judío.

El problema es que lo hizo en el Yom Kipur, jornada en la que ningún vehículo circula por las arterias del país, específicamente mucho menos en zonas judías, lo que provocó la ira de un grupo de jóvenes de la comunidad vecina.

“Sabía que era Yom Kipur y por eso fui lentamente para no ofender a nadie, casi sin hacer ruido”, dijo Yemal, quien provocó sin querer la peor ola de enfrentamientos entre judíos y musulmanes en Israel desde 2000, cuando estalló la Intifada palestina por una disputa en Jerusalén.

En aquella ocasión, San Juan de Acre sobrevivió a las tensiones entre ambas comunidades y ha sido un malentendido el que ha ocasionado el actual brote.

Los primeros gritos y pedradas por parte de judíos contra el coche de Yemal, se transformaron rápidamente en la quema de cientos de vehículos y escaparates, con redadas mutuas que sólo este viernes parecieron apagarse gracias a la masiva presencia policial en la zona.

Tzipi Livni, canciller y aspirante a primer ministro, visitó la ciudad para tratar de relajar los ánimos y dijo que “no se permitirá a ningún ciudadano tomar la ley en sus manos”.

Sin embargo, los habitantes como el comerciante a-Nasser, y también los judíos, que representan dos tercios de su población de unas 48 mil personas, reconocen que se ha traspasado una línea roja y posiblemente nada vuelva a ser como antes.

“Hemos comido en sus restaurantes, comprado en sus mercados, hemos ido juntos a la escuela, a pescar, pero ellos hacen lo que quieren. El Yom Kipur es nuestro día más sagrado y nadie va en coche, y ellos lo saben”, señaló David Bitón, otro habitante de la zona.

“Si quieren convivencia primero tendrán que ganársela”, añadió.

Una de las consecuencia inmediatas de los disturbios, más allá de los destrozos y heridos leves, es la cancelación del festival de teatro callejero en la ciudad, programado para la próxima semana, durante la fiesta judía de las Cabañas y creado como símbolo de coexistencia.

“Este no es momentos de festejos”, aseguró el alcalde Shimon Lankri, tras un sesión de emergencia del concejo de la ciudad en la que concejales judíos y árabes se acusaron de provocar los disturbios.

“No podemos hacer la vista gorda y mirar para otro lado”, explicó sobre la necesidad de “entender” lo que ha ocurrido antes de poder volver a la normalidad.

Normalidad en San Juan de Acre significaba hasta ahora una ciudad abierta al turismo, gracias a su condición de Patrimonio de la Humanidad por poseer una de las ciudad cruzadas más conservadas del Planeta.

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