Transmiten en Auditorio Nacional la ópera “Salomé”, desde Nueva York.

México, 11 Oct (Notimex).- Considerada por muchos la mejor de
las obras clásicas del género, por no contener pautas y desarrollarse
en un mismo espacio, hoy se transmitió en el Auditorio Nacional, en
vivo vía satélite desde el Metropolitan Opera de Nueva York, la ópera
“Salomé”.

La representación de la pieza original de Richard Strauss
(1864-1949) en uno de los escenarios más importantes de la ópera a
nivel mundial, estuvo a cargo de Karita Mattila, Juha Uusitalo,
Komlosi, Begley y Kaiser, bajo la dirección de Mikko Franck.

En charla previa a la transmisión, en el Lunario del Auditorio,
el crítico de ópera Juan Arturo Brenan, refirió algunas de las
características por las que los expertos la consideran como la máxima
representación del bel canto.

Recordó que se trata de una pieza sin pausas, desarrollada en un
solo espacio, mientras que las obras tradicionales son de un arte
fragmentado.

“Es decir tienen pausas y dan poca continuidad en los diálogos,
y la obra de Richard Strauss no contiene pautas, no hay tiempo ni
para aplaudir, ni para salir, cosa que también se da en la música”,
añadió.

Todo sucede en un solo acto, que es una de las virtudes de
Strauss al escribirla, y que tiene una continuidad hermética en la
música y toda la acción ocurre en el mismo escenario, abundó.

Explicó que en la historia se desarrolla durante un banquete,
donde ocurre todo, pero uno nunca sabe qué pasa ahí, ni con los
invitados que se encuentran en ese espacio.

“Es un solo espacio dramáticamente, que ahí se desarrollan ocho
locaciones distintas, y es una historia bastante sangrienta, porque
casi la mitad de los personajes mueren”, refirió Brenan.

Son tres historias de amor que se entretejen alrededor de
“Salomé”: una es la del capitán “Narraboth”, quien está perdidamente
enamorado de ella; la otra es la que siente su propio padrastro
“Herodes”, que hace hasta lo imposible por complacer a su hijastra, y
la tercera es la que siente ella por “Jochanaan”, un profeta que
advierte que llegará el mesías.

Añadió que el capitán Narraboth, al sentirse rechazado de
Salomé, decide darse varias puñaladas hasta quedar muerto, cuerpo que
dura por un buen tiempo en el escenario.

“El segundo amor es de su propio padrastro, que hace lo
imposible porque sea correspondido por ella, pero por ser el esposo
de su madre y porque es grotesco, también es rechazado”, mencionó.

Sigue

Transmiten en Auditorio. dos. mencionó

Por último, el amor verdadero que siente ella, una joven de 15 o
16 años, es por el profeta, quien está encerrado en una cisterna y
que, al verlo una vez se queda sorprendida y ordena que lo saquen del
lugar.

“Esto sucede en la escena del banquete, que al verlo no se
enamoró del profeta, sino de su cuerpo y cara, pero fue rechazada por
él, quien la insulta a ella y a su madre, diciéndoles que son unas
prostitutas, por lo que nuevamente fue llevado a la cisterna”, dijo.

Subrayó que en esta historia se plasma la rabia de una niña
malcriada, que al ser rechazada cambia radicalmente su estado de
ánimo.

“En el banquete el padrastro se emborracha y en seguida la busca
para que le baile, ella al principio no acepta, pero su padrastro le
dice pídeme lo que quieras, y ella le dice que sí y una vez que
termina su baile desnudo le pide que le traigan en una charola la
cabeza del profeta”, señaló.

Comentó que hay dos escenas chuscas en esta ópera, una es cuando
el padrastro borracho busca a Salomé y se resbala y al levantarse se
pregunta “¨qué es esto?”, y al ver el líquido se da cuenta de que es
sangre.

“Aquí lo chusco es que pregunta de quién es la sangre, y uno le
dice que es del capitán que falleció, y Herodes dice: yo no ordené
que lo mataran”, dijo.

El otro momento chusco es cuando sale a escena un grupo de cinco
judíos para dialogar cantando sobre el mesías, pero más que canto
parecen “cacatúas o comadres de lavandero”.

Al terminar la plática introductoria, en

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