La onda expansiva de la crisis financiera alcanza a los oligarcas rusos

MOSCU (AFP) – De pie cerca de su automóvil Porsche anaranjado, Evgueni Chichvarkin pone ‘al mal tiempo buena cara’, aunque reconoce que la crisis le obligó a vender su empresa Euroset, primer distribuidor de teléfonos móviles en Rusia, a precio de saldo.

“Perder dinero no puede ser el mayor error de una vida”, filosofa este joven de 34 años que la semana pasada se vio obligado a ceder su participación del 50% en las peores condiciones posibles. “Pero desde un punto de vista financiero lo era sin duda”, admite ante la AFP.

Chichvarkin, como numerosos empresarios rusos, aprovechó una ola de créditos baratos para extender agresivamente su actividad en los últimos años.

De esta forma forjó un pequeño imperio en el mercado en pleno desarrollo de la telefonía móvil en Rusia.

Euroset, creado en 1997, realiza en la actualidad un volumen de negocios de 3.000 millones de dólares y controla unas 5.000 agencias en el país.

Pero en septiembre, la crisis de liquidez, que amenazaba ya desde hacía varios meses, se instaló en Rusia. Los bancos, que se encontraban ya en dificultad, se negaron a refinanciar sus préstamos, provocando la quiebra de su modelo financiero. Al verse asfixiado, tuvo que vender.

Chichvarkin reconoce de buena gana que aún no está por los suelos y que dispone de fondos, “pero no suficientes”. Según el diario Kommersant, su socio Timur Artemiev y él, que poseían cada uno el 50% de Euroset, recibieron en total 400 millones de dólares, lo que implica una pérdida de 1.600 millones de dólares.

Estos hombres no son los dos únicos miembros de la élite financiera en Rusia en haber conocido la crisis: su número ha aumentado de forma proporcional al agravamiento del desastre del mercado bursátil.

La principal Bolsa rusa, el RTS, ha perdido un 50% desde el 1 de septiembre y más del 65% desde su máxima histórica en mayo.

El huracán no dejó indemne al que está considerado el hombre más rico de Rusia, Oleg Deripaska, quien también se vio obligado a vender algunos de sus activos. La semana pasada cedió 20% del grupo canadiense Magna y en estos días un 10% del grupo de obras públicas alemán Hochtief.

El rey de los rascacielos de Moscú, Serguei Polonski, hizo saber de su lado que ya no tiene más medios para financiar nuevos edificios.

La lista de millonarios rusos, establecida cada año por la revista Forbes, corre el riesgo de acortarse en 2009, pronostica Chris Weafer, analista del banco ruso Uralsib. En la clasificación de 2008 eran 110.

Numerosos oligarcas de primer plano están doblemente expuestos a la crisis ya que hipotecaron sus títulos bursátiles, en aquel entonces por lo más alto, para conseguir gigantescos préstamos y así financiar proyectos ambiciosos y arriesgados, recalca Vladimir Fedorin, jefe de redacción adjunto de la versión rusa de la revista Forbes.

Esta estrategia ha constituido “la principal herramienta para la expansión en Rusia y en el extranjero”, observa, señalando que en la actualidad “este modelo ha dejado de funcionar abruptamente”.

Y cuando se haya disipado el crac, los trastornos para la élite rusa serán “de la misma magnitud” que los de la grave crisis financiera de 1998, que puso a la economía rusa de rodillas, vaticina.

Chichvarkin comparte su opinión: “Jamás hemos visto una crisis como ésta. Nadie sabe qué hacer”, concluye.

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