(Semblanza.Digno exponente del arte neoclásico fue el escultor Antonio Canova.

México, 12 Oct (Notimex).- El escultor italiano Antonio Canova,
cuya obra es una de las más representativas del arte neoclásico,
caracterizada por la intensidad de sus líneas puras, dejando atrás
los modelos barrocos, falleció el 13 de octubre de 1822.

Canova nació el 1 de noviembre de 1757 en la provincia italiana
de Possagno, y después de que su padre murió, cuando él tenía tres
años de edad, su madre contrajo segundas nupcias dejándolo al cuidado
de su abuelo.

Debido a que la familia Canova cayó en la ruina, el abuelo del
escultor se vio en la necesidad de que éste aprendiera un oficio
siendo muy joven, por lo que empezó a trabajar en una cantera y poco
tiempo después comenzó a esculpir sus primeras estatuillas.

En 1768 comenzó a estudiar al lado del escultor José Torreti en
la ciudad de Venecia, y cuando tenía 16 años, el senador Faliero,
dueño de la mansión donde trabajaba su abuelo, le confió la ejecución
de “Orfeo y Eurídice”, dos grandes estatuas de tamaño natural.

En los años siguientes esculpió numerosos trabajos que expuso en
1799, época en la cual decidió fijar su residencia en Roma, donde se
formó dentro de las tradiciones de los artistas neoclásicos.

En esta ciudad, el príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos
cardenales, le encargaron la realización de un monumento funerario
destinado a la Basílica de San Pedro, para el Papa Clemente XIII.

Durante cuatro años se consagró a esta pieza sin descanso, hasta
conseguir la finura de los detalles. El monumento fue inaugurado en
1792, sin embargo, el artista no asistió debido a que su salud se
encontraba resentida a causa del esfuerzo.

Posteriormente hizo un corto viaje a la ciudad de Venecia y a su
regreso comenzó un monumento para el almirante Angel Emo, destinado
al palacio ducal de Venecia.

Tras el reconocimiento de sus piezas, Napoleón Bonaparte le
encargó, en 1807, una estatua de su hermana Paula, quien fue plasmada
reclinada en un diván con una serena sensualidad.

En 1815, el duque Caetani le encargó la ejecución de una
escultura que representara a “Hércules y Lichas”, trabajo en el cual
Canova ejecutó un monumento colosal que, a causa de la poderosa
musculatura de Hércules, produce una impresión de fuerza que no era
la que buscaba el artista.

En la cumbre de su carrera fue solicitado de nuevo por Napoleón
Bonaparte, esta vez para ejecutar el busto del Gran Corso. Después se
encargó del “Mausoleo de Victorio Alfieri”.

Durante esa época también recibió pedidos de distintos
soberanos, por lo que viajó a Nápoles y Roma, en Italia; París, y
Viena, Austria. Sus talleres no se daban abasto para contener sus
obras.

Tras el destierro de Napoleón Bonaparte a la isla de Santa
Elena, en 1815, Canova fue enviado especialmente a París por el Papa
para recobrar los tesoros artísticos arrebatados al patrimonio
italiano, gestión que le valió el título de marqués Ischia.

De regreso a su patria, en 1816 esculpió “Las tres Gracias”, el
monumento de “La Guerra y la Paz” y la estatua de Washington que le
había sido encomendada por el Senado de Estados Unidos.

Entre sus obras más conocidas se encuentran “Dédalo e Icaro”,
“Apolo coronándose a sí mismo”, “Tumba del papa Clemente XIII”,
“Tumba del papa Clemente XIV”, “Cupido y Psique o El amor de Psique”,
“Perseo con la cabeza de Medusa” (1801) y “Hércules y Lichas” (1815).

El 21 de septiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal,
con el propósito de reponer su quebrantada salud, sin embargo, la
muerte lo venció el 13 de octubre de 1822 en Venecia.

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