Desilusionó “Dansa de la mort de Verges” en el 36 Festival Cervantino.Por Juan Carlos Castellanos C., Enviado

Guanajuato, 15 Oct (Notimex).- El espectáculo “Dansa de la mort
de Verges”, traído desde Cataluña al 36 Festival Internacional
Cervantino (FIC) y presentado anoche, dejó un amargo sabor de boca a
la multitud que se dio cita en la Plaza San Roque, quien miró sin
saber lo que observaba.

Presentada por la Associació La Processó de Verges,
perteneciente a una pequeña localidad de Cataluña, la representación
de carácter religioso-pagano fue ejecutada conforme a la más añeja
tradición medieval, para que el público que asiste al FIC conociera
ese ritual propio de la Semana Santa.

Aunque los organizadores se empeñaron en ofrecer un espectáculo
digno, meta que fue alcanzada cabalmente, el público no tuvo la
información adecuada para comprender lo que sus ojos veían, motivo
por el cual no fue comprendido el significado de esa danza surgida
desde la Edad media.

Los 10 ejecutantes de la danza (seis adultos y cuatro niños) en
perfecta sincronía en sus movimientos, representaron uno de los
pasajes más celebrados de la cultura popular europea. Cada cual,
portando los accesorios propios de su personaje, hizo una valiosa
aportación al espectáculo.

Sin embargo, todo resultó ajeno al espectador, pues la procesión
se lleva a cabo en silencio. Nadie habló, el único sonido que se
escuchó por los callejones aledaños a San Roque y dentro de la
iglesia del lugar, fue el macabro “tum, tum, tum, tum” de un tambor
con acento agonizante.

Pocas, muy pocas personas sabían que el esqueleto que encabezó
la marcha con una guadaña entre las manos, representaba a la muerte
que va segando vidas con ese afilado instrumento; otro es portador de
un estandarte donde se puede leer “Nemini parco” (“No olvido a
nadie”), así, tal como es la muerte.

Otro esqueleto, niño de siete u ocho años de edad, lleva un
plato con cenizas en representación del polvo en que todos nos
habremos de convertir algún día. Otro, también un infante de menuda
complexión, lleva un reloj sin manecillas, y ahí se debe entender que
la muerte no tiene hora para llegar.

Al último, un esqueleto porta un timbal. Viste túnica negra y
máscara de calavera. Es el jefe del grupo, aunque no danza, pues su
papel marca el ritmo del instrumento musical. A ningún personaje
comprendió el público, pues se trata de una danza lejana, que sólo en
Verges comprenden por tenerla bien conocida.

Sigue
Desilusionó. dos. conocida.

Visualmente, innegablemente los asistentes estuvieron ante un
espectáculo enorme. Las caracterizaciones son impresionantes y, en su
camino, seguramente asombraron, si no asustaron, a más de un
guanajuatense. Las voces de la gente pronto se dejaron escuchar en el
sentido de que “no entiendo nada”, “qué me quieren decir con esto” y
frases en ese tono.

Aunque se repartieron programas de mano, estos no fueron
suficientes para el numeroso público que se dio cita para ver el
espectáculo.

Lo cierto es que la “Dansa de la mort de Verges” llegó al
Festival Internacional Cervantino y eso, a decir de la delegación
catalana, “debe ser tomada como un honor, porque es la primera vez
que sale de la Península Ibérica y se escogió a México como la
primera nación en conocerla en vivo”.

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