Inmigración invita a globalización de la solidaridad

ANDREA ACOSTA
El Pregonero

Así lo consideran expertos en el controversial tema como Daniel Groody, sacerdote y profesor de la Universidad de Notredame, quien se hizo presente este martes en la conferencia “Una frontera, un cuerpo: Inmigración y la Eucaristía”.

Durante su ponencia, el reverendo puso en perspectiva el tema de la inmigración al explicar la brecha entre ricos y pobres, la desigual distribución de recursos económicos en el planeta y los desbalanceados patrones de gastos a nivel global.

En un planeta impactado por el fenómeno migratorio y donde hay tantos problemas sociales y tantos retos por superar, se gasta -por ejemplo- 975 mil millones de dólares en armamento militar, 400 mil millones en bebidas alcohólicas y 28 mil millones en perfumes.

Mientras las mayores riquezas están concentradas en un uno por ciento de la población, millones abandonan su tierra y su familia en busca de una oportunidad laboral que por lo menos les permita suplir sus necesidades básicas.

“Cuando se les pregunta a los indocumentados si se sienten culpables por cruzar la frontera y vivir sin documentos, ellos responden que no y aseguran que de lo que se sienten culpables es de que sus hijos no tengan qué comer”, comentó el sacerdote, conocedor de la dura realidad fronteriza.

En este contexto, Groody subraya que ‘la inmigración global es una experiencia que abre la oportunidad para la solidaridad’.

En el marco de una Iglesia con una misión de construir una sociedad de amor, el fenómeno migratorio invita a aflorar los valores cristianos y despertar la esencia del ser católico.

Analizando la inmigración también desde el punto de vista humano y cristiano, el padre Groody considera que se debe promover un nuevo orden social para el bien común. “El Dios de vida llama a la dignidad del ser humano.”

Recalcó que siempre hay que defender la vida como un don sagrado y también reconocer que tenemos derechos y responsabilidades.“Hay que darle opciones a los pobres”, dijo el sacerdote.

Concluyó haciendo referencia a las palabras del Papa Juan Pablo II sobre la globalización de la solidaridad: “La economía globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una economía globalizada, y ante las exigencias del bien común internacional. En realidad, la doctrina social de la Iglesia es la visión moral que intenta asistir a los gobiernos, a las instituciones y las organizaciones privadas para que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A través de este prisma se pueden valorar las cuestiones que se refieren a la deuda externa de las naciones, a la corrupción política interna y a la discriminación dentro [de la propia nación] y entre las naciones”.

En esta cuarta conferencia anual sobre el ministerio hispano, realizada en Columbia, Maryland, y organizada por las arquidiócesis de Washington y Baltimore, participaron unos 150 sacerdotes, diáconos, religiosas, empleados diocesanos y de organizaciones católicas. Algunos de ellos, eran provenientes de diócesis distantes como Richmond y Camden, New Jersey.

“Todas las parroquias pasan por el reto de que la sociedad estadounidense no comprende bien el fenómeno de la inmigración”, según el padre Mauricio Henríquez de la parroquia Santa Rosa de Lima, de Gaithersburg, Maryland. “Este tipo de eventos ayuda a tener una visión pastoral del tema.”

En este momento en que la comunidad inmigrante es afectada por las redadas y por distorsionados mensajes anti-inmigrantes de los medios de comunicación en inglés, sacerdotes como el padre Moisés Villalta, consideran que los extranjeros son chivos expiatorios. “Es que no tienen voz y nosotros, como Iglesia, tenemos que ser esa voz.”

{jcomments off}

You must be logged in to post a comment Login