Víctimas de ciclones en Haití ansiosos tras más de un mes viviendo en carpas

CABARET, Haití (AFP) – En poco menos de 50 carpas sobre un terreno baldío a 35 km al norte de Puerto Príncipe, la capital de Haití, viven en condiciones precarias desde hace más un mes 673 haitianos, víctimas de los ciclones que azotaron recientemente la región.

“Estamos a la buena de Dios”, dijo Paul Franek, de 52 años, un carnicero que perdió todo en las inundaciones. “No sé cuándo podré tener de nuevo una vida normal y decente con mi familia”, suspiró.

Desde hace una semana no se sirven más las raciones alimentarias. El agua es escasa y las letrinas públicas, armadas en el lugar hace un tiempo, fueron retiradas.

“Seguimos dándoles alimentos secos, pero la gente se las arregla para cocinar, estamos en la fase de repliegue”, confirmó Rony Fervil, representante de Protección Civil.

Esa retirada “nos preocupa bastante. Se dice que nos van a pedir que nos vayamos, ¿pero para ir adónde?”, se pregunta Louisene, que vive con sus cinco hijos en una carpa que alberga a tres numerosas familias.

Esta mujer de 47 años presenta a su recién nacido, Edison, de un mes y 10 días. Está acostado sobre un retazo de tela, con el cuerpo lleno de picaduras de mosquitos. Bajo los toldos en plástico hace más de cuarenta grados centígrados en el día.

“Este niño es un sobreviviente. Nació dos días antes del pasaje del huracán Ike. Partí bajo la lluvia como una loca, con él envuelto en un trapo. Es un milagro”, repitió la madre, que no ha podido solucionar su situación desde que la catástrofe arrasó la localidad donde vivía.

“Mis hijos no van a la escuela. Mi marido vaga todos los días en este terreno. No tenemos jardín, perdimos nuestro ganado. Estamos reducidos a nada”.

Es un sentimiento compartido por la mayoría de los “residentes” de este poblado de tiendas de campaña que viven en la indigencia y la promiscuidad.

Su pueblo de origen, Cabaret, fue barrido el 7 de septiembre por el huracán Ike, que dejó 30 muertos y destruyó numerosas viviendas.

Desde entonces, más de 150 familias han sido acogidas por la Protección Civil haitiana, que las ubicaron en este terreno expuesto al sol y la intemperie, sobre un área un poco más grande que un estadio de fútbol.

“¿Cómo puede el Estado abandonarnos aquí en estas condiciones, sin darnos un alojamiento, y ahora pedirnos que nos vayamos?”, dice Wilfrid, visiblemente colérico. “Esto es un parque para animales”, lanza, disgustado.

Algunas personas del refugio comienzan a impacientarse, pero temen expresarse abiertamente. “No me atrevo a protestar, tengo miedo de ir preso”, dijo Dieudonne Jean-Baptiste.

Los huracanes y ciclones Fay, Gustav, Hanna e Ike, que azotaron Haití en agosto y septiembre, dejaron unos 800 muertos, 120.000 casas destruidas o dañadas y más de un millón de damnificados.

La mayoría de ellos todavía viven en escuelas o hangares transformados en resguardos provisorios, pero que no estaban preparados para acoger un número tan grande de refugiados.

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