Avatares de la deuda pública en El Salvador

La deuda del gobierno central ascendió, al cierre del año 2007, a $6,856 millones: $840 millones corresponden a la deuda interna —dinero que se debe a gente dentro del país— y $6,016 millones a la deuda externa –dinero que se debe a gente fuera del país.

Si dividimos la torta, toca a $1,203 por barba, lo que arroja una de las cifras más abultadas en Latinoamérica.

Mi tocayo, el Sr. Manuel Enrique Hinds, probablemente, lo vería de otro modo, al fin y al cabo, no estamos en Islandia, esa pequeña isla camino al fin del mundo, de escasamente 300,000 habitantes, donde, al parecer, hay un sálvese quien pueda financiero generalizado que él mismo pronosticó con un año de antelación.

Volviendo al istmo centroamericano, nuestro espacio vital y relevante, los intereses del débito público pagados por el gobierno de El Salvador fueron de $541.3 millones y $421 millones en el 2006 y 2007 respectivamente, según los informes de tesorería del Ministerio de Hacienda, lo que significa, a groso modo, que el gobierno paga un tipo de interés promedio por su deuda de, por lo menos, el 6.5% cada año y eso significa que cerca del 15% del presupuesto nacional se va al traste sólo en el pago de los intereses.

De manera tosca o “barroca”, como dice uno de mis lectores, cada punto porcentual en la tasa de interés en esa hipoteca nacional significa unos $69 millones anuales, cerca de $7 millones al mes, unos $190,000 diarios. Es decir, si el tipo de interés de la deuda nacional bajara al 5.5% eso nos supondría un ahorro de unos $69 millones anuales para invertir en cosas más interesantes.

Con los datos puestos sobre el petate, la necesidad de refinanciar la deuda pública parece un imperativo que no convendría posponer demasiado, máximo en estos tiempos que, según la hora del día, aumentan las posibilidades de que le denieguen a uno el crédito por falta de confianza, liquidez, solidez del sistema y cosas por el estilo.

Sin embargo, como que se aprecia en el ambiente, que hay ciudadanos, políticos incluidos, que no entienden bien el concepto. Refinanciar sencillamente significa volver a financiar, generalmente, una misma cosa, buscando como objetivo final amarrar un tipo de interés mucho más bajo que el anterior, siempre bajo la premisa del ahorro, en este caso, para el erario público y, por tanto, para toda la colectividad. El Salvador, a pesar de los problemas, todavía tiene esa posibilidad.

El proceso del refinanciamiento sólo tiene una salida: el proceso de la negociación, por que, a diferencia de otras leyes corrientes, aquí se requiere un acuerdo de 2/3 en la Asamblea Legislativa, o sea de todos, o casi todos.

Recordemos que el Banco Mundial y el Fondo Interamericano de Desarrollo todavía ofrecen al país dos préstamos, que juntos, suman cerca de $1,000 millones a un tipo de interés preferencial de entre el 2 y 3 por ciento, que es menos de la mitad de ese promedio tosco del 6.5% del cierre en 2007.

También debemos recordar que hace unos meses ARENA y el FLMN, por enésima vez, protagonizaron otro de esos numeritos que estamos acostumbrados a ver en la Asamblea Legislativa: enredos absolutistas sobre el bien y el mal, en donde uno dice representar el bien y el otro también. El mal se lo adjudican al otro mutuamente como un peloteo de pimpón entre chinos.

En realidad, lo que aconteció en el último proyecto de financiamiento en la Asamblea Legislativa fue el codazo y la patada de ARENA y el FMLN respectivamente.

Lo mismo ocurrió con la aprobación de los presupuestos del estado del año 2007, 2006, 2005, etc. y también en aquellos fideicomisos del 2006 o el 2005 ya no recuerdo muy bien.

Normalmente en la Asamblea Legislativa se vive un ambiente decadente, casi “indecente”, entre los grupos mayoritarios, pero cuando el tinglado tiene que ver con dinero o artilugios de financiamiento, la cosa se vuelve una auténtica mezcla de degenere, vicio, prepotencia e incompetencia.

ARENA da un puñetazo en la mesa, secundada generalmente por sus dos aliados naturales, el PDC y PCN, para quienes siempre hay algún tipo de prebenda poco transparente, como suele ser en estos casos de alta política, mientras que el FRENTE recurre a su habitual “No” autómata para después largarse a su casa sin hacer ningún esfuerzo de entrar en el debate y la discusión, que, por otro lado, ya vienen ventilados por el tripartito conservador.

Pero no todos son harina del mismo costal en nuestra distinguida Asamblea Legislativa, también hay individuos de bien, el problema es que siempre están en el lado de las minorías, y, como todos sabemos, en Democracia, siempre ganan las mayorías.

En junio de 2011, nos cae en la “chepa”, como decía mi abuela allá en Oriente, un vencimiento de $653,500,000.00 –bonos del estado colocados al mercado a un tipo de interés del 8.70% en al año 2001– y partidos políticos ya se han puesto en sus trincheras respectivas para diseñar otra vez su mejor ataque, como de costumbre, para ver quién arrastra a quién en esa típica retórica tremendista del bien y el mal en la que tanto nos resbalamos como un tobogán a estrellarnos hacia el suelo.

Sin embargo, la cuestión parece que será menos traumática que en ediciones anteriores ya que la discusión, está vez, no será sobre si faltan o sobran ceros, sino sobre la posibilidad real de irnos por un tubo directo hacia la banca rota total en 2011 cuando vencen esos bonos.

Esperemos que en esta ocasión los respetables padres de la patria pongan sus diferencias al remanso y se centren en lo que realmente importa: sacar a este país del estrangulamiento financiero a donde puede ir a parar en los próximos meses sino aborda una discusión sensata, técnica y de altura en ese foro del pueblo que llamamos Asamblea Legislativa.

Fuente: salvadorenosenelmundo@blogspot.com

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