Cautivan a expertos códigos y secretos de la Capilla Sixtina

Por Andrés Beltramo Alvarez.

Ciudad del Vaticano.- La Capilla Sixtina, además de ser la joya del Vaticano gracias al genio de Miguel Angel, esconde misteriosos códigos y secretos que han cautivado a estudiosos del mundo y provocado largas investigaciones.

La más completa de ellas la condujo el sacerdote alemán Heinrich Pfeiffer por más de 40 años y sus resultados fueron incluidos en el libro “La Capilla Sixtina. Iconografía de una obra maestra” de reciente edición.

El texto demuestra por primera vez que en la decoración de los frescos de ese templo no participaron sólo los pintores, encabezados por Michelangello Buonarroti, sino también un selecto grupo de asesores teológicos dependientes del Papa.

El autor, en entrevista con Notimex, explicó que el objetivo de su investigación fue develar una serie de secretos no relacionados con las pinturas en sí o en su aspecto físico, sino en el significado de las mismas.

“El primer secreto develado establece que en la capilla pontificia no tuvo participación sólo el Papa y los pintores sino también una tercera categoría que intervino: un grupo de teólogos”, destacó.

Estos asesores, explicó, permitieron que la capilla en su conjunto siga un único sistema doctrinal y así lograr que los frescos de las bóvedas muestren una relación perfecta entre los pasajes bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento.

La Capilla Sixtina es la obra de arte más famosa construida al interior de los palacios del Vaticano. Fue obra del arquitecto Giovanni d”Dolci entre 1471 y 1484 a instancias del Papa Sixto IV, a quien debe su nombre.

Entre 1508 y 1512 Miguel Angel pintó el cielorraso con una serie de obras maestras en las cuales destaca “La creación de Adán”, mientras que el último de sus frescos en la capilla fue “El juicio final” que completó en 1541.

Pfeiffer reveló que la idea de llevar a cabo un estudio teológico-iconográfico de esa obra de arte, el primero en su género, surgió en 1959 cuando por tercera vez visitó el templo ubicado al interior de los Museos Vaticanos.

“(Esa vez) me tardé cinco horas contemplando sólo las paredes laterales, siempre mirando al techo, lo mismo pasó con la escena del juicio universal”, confió.

“Tomé fotografías –agregó-, estuve meditando por largo tiempo, descubrí un vínculo entre la imagen de Moisés escarnecido y la crucifixión de Cristo; es allí donde me di cuenta que todas las escenas tienen una relación”.

Señaló que a partir de ese momento comenzó a buscar en libros de los llamados “padres de la Iglesia” (los primeros teólogos cristianos) la clave que lo condujera a la interpretación exacta de los frescos.

“A medida que avanzaba mi trabajo me formé la convicción de que los temas representados no podían haber sido inventados por los artistas sino que debían haber sido asesorados en su difícil cometido por teólogos pontificios”, sostuvo.

Estas ideas, ponderó, se fueron confirmando con la revisión de textos antiguos lo cual permitió llegar concluir que el ciclo pictórico de la capilla en su conjunto responde a un programa iconográfico preciso.

De allí el título del libro: “La Capilla Sixtina. Iconografía de una obra maestra”, de 349 páginas en formato tapa dura e impreso con láminas a todo color que circula en varios idiomas, incluyendo el español.

Según Heinrich Pfeiffer, quien vivió en México un tiempo durante sus pesquisas, el texto sugiere al lector no quedarse en la superficie, estudiar en profundidad porque “sólo en la profundidad podemos crear una nueva cultura”.

“(Mi estudio) es una invitación a ver más allá de la obra de arte, cada fresco anuncia siempre el cielo con medios materiales, si uno no va más allá no comprende jamás el verdadero mensaje”, sentenció.

Otra investigación ofrece una lectura diferente de la capilla; conducida por el rabino judío Benjamín Blech sostiene que los frescos incluyen códigos simbólicos que corresponden con las letras hebreas.

Titulado “Los secretos de la Sixtina: Códigos secretos en la obra maestra de Mi

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